EL REINADO DE CARLOS IV (1788-1808)
El reinado de Carlos IV está determinado desde sus inicios por la Revolución Francesa (desde 1789).
Monarca bastante incapaz, desde los comienzos de su reinado, mantuvo los ministros de su padre Carlos III, como Floridablanca.
Ante el desarrollo de los acontecimientos en Francia, Floridablanca estableció el llamado “cordón sanitario” en la frontera con el reino vecino. Consistía en:
· La prohibición de pasar cualquier libro o publicación (panfletos, folletines,…) con ideas referentes a la Ilustración, a los hechos que estaban sucediendo allí, etc., es decir, censura.
· También un control más férreo y estricto de las personas que entraban a nuestro país.
Estas medidas también fueron llamadas popularmente “pánico de Floridablanca”. Ahí tenéis un texto. (Cuando habla de "pase", significa el visto bueno que daba la Inquisición a la publicación de un documento)http://sites.google.com/site/historiaweb2/documentosytextos
Vamos a resumir un poco qué está pasando en Francia para tenerlo todo más claro, por tanto, es introductorio.
La Hacienda francesa está en la quiebra. Los enormes gastos de Corte y las guerras del XVIII, que conocemos por los Pactos de Familia, provocaron ya una bancarrota a mediados del siglo. Y lejos de solucionarse su situación, ésta había empeorado. A ello hay que añadir el importante crecimiento demográfico de finales de siglo y la época de malas cosechas que siempre es un mal cimiento. Los ministros proponen al rey Luis XVI que sólo se podría mejorar la situación financiera del reino haciendo extensible el pago de la “talla”, el impuesto común, a los privilegiados. Algo así era revolucionario, pero el rey se ve forzado así por la situación económica. Ya hemos visto como en España los ministros reformistas de Carlos III habían propuesto hacer un impuesto general y proporcional (pagan más los que más tienen), pero no se pudo aplicar por la fuerte oposición.
Para solicitar un impuesto, como ya sabemos, los reyes tenían que convocar las Cortes, llamadas Estados Generales en Francia. Allí los representantes de los privilegiados, el clero y la nobleza, se negaron a pagarlo, pero los que representaban al Tercer Estado o pueblo llano, ya que están reunidos, deciden no disolverse hasta dotar al reino de una Constitución. Se consideran Asamblea Nacional, puesto que representan al 85% de la población francesa, y por eso se constituyen como Asamblea Constituyente (para hacer una constitución). Éstas son las primeras fases de la revolución.
El pueblo de París se echa a la calle y protagoniza incidentes armados, como la famosa toma de la Bastilla el 4 de Julio, contra el poder real. Parte del ejército también apoya las reformas y colabora con los insurrectos.
En 1791 el rey es obligado a jurar la Constitución, la segunda de la época reciente, tras la de EEUU. Un recorte de poderes al Rey impuesto por el populacho y la exigencia de derechos por parte de éste es algo que alarma a las clases privilegiadas de toda Europa y a sus monarcas. Desde los inicios de la Revolución, los nobles que huyen de Francia cuentan los “desastres” que están teniendo allí lugar y presionan a los monarcas absolutos para actuar (los que huyen son personas muy ricas e influyentes, de la alta sociedad). El mismo rey francés está en contacto secretamente con ellos para abortar la Revolución y de hecho, es capturado intentando huir al extranjero para planear una eventual retoma del poder absoluto por la fuerza. Dicho acontecimiento será lo que decida a los jacobinos aprobar la ejecución del rey Luis XVI y la reina María Antonieta. Esta medida será la que provoque una alarma general en Europa y la formación de una alianza militar para invadir Francia y restablecer el absolutismo. Esta época es llamada la Convención (o Convención Nacional), gobierno que sustituye a la extinta monarquía constitucional (1791-3), donde se forman los conocidos grupos políticos de los girondinos y los jacobinos, la famosa época de la guillotina, Robespierre, etc. Y también las guerras contra la Convención son el escenario donde empezará a destacar y subir como la espuma un tal Napoleón Bonaparte, originario de Córcega.
Tras este enorme resumen de los primeros momentos de la revolución francesa, volvemos a España, que se ve implicada por dichos acontecimientos.
La política de Floridablanca de “aquí no está pasando nada”, es decir, intentar evitar el contagio revolucionario en España (1791) es considerada insuficiente y Carlos IV destituye a Floridablanca por Aranda.
En su lugar, en 1792, ascenderá un personaje muy controvertido, el famoso Godoy. Miembro de la baja nobleza, es mal visto por la alta nobleza, desplazada por este personaje de un puesto clave en el gobierno. La historiografía tradicional dice que se “ganó el favor de la reina”, pero la verdad es que también era el preferido del rey, porque a partir de ahora, Godoy y Carlos IV unirán sus destinos indisolublemente.
Tras la ejecución de Luis XVI (1793), familiar de los Borbones españoles, actuará en colaboración con otras potencias europeas (Prusia, Austria, Nápoles –Borbones- y Saboya) vecinas de Francia, e invadirá el Rosellón bajo el mando del general Ricardos. Sin embargo, tras la muerte del mismo, los franceses rechazarán la invasión y avanzarán dentro de nuestro país. Por la Paz de Basilea (1795), España tiene que ceder Santo Domingo, pero a pesar de ello, Godoy es investido con el título de “Príncipe de la Paz”.
Tras esta fase de conflicto con la Francia de la Convención, hay una fase de colaboración con ésta. La amistad con Francia durará desde 1796 a 1808. Este giro dado por el gobierno de Godoy se debe al enorme potencial militar francés, que está derrotando a todos los países que invadieron Francia (el ejército galo ha sido renovado, puesto que los mandos son elegidos por sus méritos y no por su nacimiento, ya que todos los ciudadanos ahora son considerados iguales). Se vuelve, tras un corto lapsus, a la tradicional alianza con Francia del XVIII (Pactos de Familia), puesto que se considera que nuestro mayor rival de la época es Gran Bretaña (rivalidad colonial y comercial). Así los llamados 2 Tratados de San Ildefonso sellan la colaboración de España con la Francia revolucionara contra Gran Bretaña.
El primer Tratado de San Ildefonso (1796) se salda con una rotunda derrota. El almirante Nelson fracasará en intentar ocupar Tenerife (1797), pero ese año nuestra flota sufre una gran derrota en la batalla del Cabo San Vicente (en el extremo suroeste de Portugal), perdiendo también Menorca.
La situación económica de España empeora rápidamente. A la época de malas cosechas que caracteriza el fin de siglo, hay que añadir los enormes gastos de las citadas guerras, que son un enorme fracaso. Para colmo, los ataques ingleses a nuestro comercio con las colonias son un enorme freno para nuestra economía.
Por ello, Godoy toma una decisión pequeña por su alcance, pero fundamental por su intención. Godoy, en 1798 autoriza la desamortización de los bienes de las órdenes religiosas más pequeñas con pocos miembros. Es algo revolucionario, también impuesto por la necesidad, y que le hace ganarse también la enemistad del clero. Y de escaso calado puesto que es una medida tímida, que no afecta más que a una pequeña parte de los bienes eclesiásticos. Una desamortización, como veremos, es la puesta a la venta en subasta pública de los bienes de ayuntamientos y del clero, cuyos beneficios van al Estado.
El segundo Tratado de San Ildefonso (1800), España luchó contra Gran Bretaña y su aliado Portugal. La primera nos devolvió Menorca, mientras que de Portugal obtuvimos una ciudad fronteriza de Badajoz, Olivenza, la “ciudad española más joven”. Esta guerra con Portugal recibió el nombre de “Guerra de las Naranjas” (por si os lo ponen).
Sin duda, el hecho más grave del momento fue la batalla naval de Trafalgar (1805), cuyas repercusiones fueron decisivas para nuestra historia. Los ejércitos napoleónicos eran invencibles en Europa, pero Napoleón (coronado emperador en 1804) aún no podía reducir a su gran enemigo insular, Gran Bretaña. Para una eventual invasión de la misma, necesitaba una gran flota. La más grande del mundo era la británica, después la española y en tercer lugar, la francesa. Una alianza franco-española podía asegurar su dominio de los mares y así desembarcar en las islas británicas. Pero Napoleón despreciaba a los españoles. La ineptitud de nuestros políticos, la incapacidad de nuestros ejércitos, etc. le hacían minusvalorar también a nuestros mandos militares, así que decidió entregar el mando de la flota combinada al almirante Villeneuve, menos experimentado que marinos españoles como Churruca, Gravina o Alcalá Galiano. La flota británica, al tanto de que ambas flotas se reunirían en Cádiz, acudieron rápidamente al mando del intrépido Nelson, que no esperó y plantó batalla pese a ser inferior en número. La atrevida táctica británica (Nelson murió, como los almirantes españoles citados) deshizo las antiguas técnicas militares de Villeneuve y la batalla se saldó con una derrota incontestable (esto muy resumible).
CONSECUENCIAS DE LA BATALLA DE TRAFALGAR:
CONSECUENCIAS DE LA BATALLA DE TRAFALGAR:
1. Para España: fin del poderío naval español para siempre jamás. Como consecuencia de esto:
- Interrupción del comercio con las colonias americanas, que suponen unas gravísimas consecuencias para nuestra economía (comerciantes, los impuestos que recauda el estado, desabastecimiento de ciertos productos,…).
- Inicio de los mecanismos que desembocarán en los procesos de independencia de las colonias en América, ya que la interrupción de la comunicación provoca la autonomía en la organización y gestión de las mismas, fuera del control de la Corona española.
2. Para Francia: imposibilidad para Napoleón de invadir Gran Bretaña. Ello obligará a Napoleón a forzar a otras naciones dependientes o aliadas de Francia, como Prusia, Austria,…etc. (éstas lo eran por la fuerza, ya que las había obligado por tratados de paz) a no comerciar con los británicos, para con ello, provocar su rendición. A esta medida se le denominó como “Bloqueo Continental”. España, como aliada no forzosa, ya la había adoptado años antes, (por eso los ingleses no dejaban de combatirnos), pero Portugal, aliada de Gran Bretaña, siguió comerciando con ellos.
3. Para Gran Bretaña: el poderío absoluto de los mares, en Europa y en el mundo. Esto trajo un gran alivio para los británicos
- Económico: el Bloqueo Continental nunca supondrá una falta de abastecimiento en el país, puesto que acude a comerciar con otros lugares.
- Político: se aleja para siempre el peligro de invasión francesa de las islas británicas.
- Militar: los ingleses podrán llevar contingentes militares allá donde quieran. Así, sus tropas, no muy numerosas, serán, sin embargo, resolutivas y muy operativas. Por ejemplo, atacarán nuestras colonias impunemente (ocupación de Montevideo en 1809).
Todo esto es largo, pero permite explicar la derrota de Napoleón y acontecimientos en España de los que hablaremos después.
Ante la obstinación británica de lo plegarse a las exigencias de Napoleón, decidirá invadir Portugal, aliado de Gran Bretaña, y que se había negado en participar en el Bloqueo Continental. España ya lo había intentado en 1801, pero nuestro ejército se había demostrado débil, incapaz y mal dirigido ante un enemigo de menor entidad. Así que Napoleón negoció con el ambicioso Godoy el Tratado de Fontainebleau (1807), también decisivo para la historia de España. España permitía el paso de las tropas francesas por su territorio, para, en un ataque conjunto, conquistar Portugal. También había un reparto secreto del país luso, que incluía un pequeño reino para el propio Godoy.



