martes, 30 de noviembre de 2010

Unión Dinástica y Monarquía Autoritaria de los Reyes Católicos

Rendición de Granada (2-enero-1492)

Boabdil entrega las llaves de Granada a los reyes Isabel y Fernando

El reinado de los Reyes Católicos se encuentra a caballo entre la Edad Media y la Edad Moderna. Significó el final de la Edad Media en cuanto a la unificación de los reinos peninsulares, el fin de la Reconquista (toma del Reino de Granada) y la victoria definitiva de la monarquía sobre la nobleza en Castilla. Con ellos se ponen las bases administrativas de un Estado nuevo, que estará llamado a ser la potencia más poderosa de Europa en el XVI y primera mitad del XVII, a la vez que con ellos se iniciará nuevas conquistas territoriales en el Mediterráneo (reino de Nápoles) y Norte de África y la aventura ultramarina con el descubrimiento de América desde 1492.

1. La creación del Estado moderno: la monarquía autoritaria.
El matrimonio (1469) de los herederos de las dos Coronas - Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón- hará surgir la monarquía hispánica. Ésta ha de entenderse como unión meramente dinástica de los dos reinos (pactada en la Concordia de Segovia, 1475), ya que cada reino seguiría conservando sus propias leyes, aduanas, moneda e instituciones tradicionales, conformando un Estado federal y no unitario, integrado por una serie de territorios (Castilla, Aragón, Cataluña, Mallorca y Valencia) que sólo tenían en común una misma monarquía. A pesar de la separación de las administraciones de ambos reinos, los monarcas unieron sus esfuerzos para completar la unificación territorial de los reinos hispánicos para consolidar y estructurar un Estado fuerte y poderoso, pero respetándose las respectivas áreas de influencia acordadas entre ambos.

1.1 Sometimiento de la nobleza, clero y burgueses levantiscos.
A nivel político este reinado permitió zanjar definitivamente el conflicto entre la nobleza y la monarquía (desarrollado durante la Baja Edad Media) a favor de ésta. Gracias a la derrota nobiliaria el rey concentra más poder y organiza un estado fuerte.
La nobleza es atraída a la Corte, donde es más fácil su control, pero aquellos que se resisten (en Galicia y Andalucía fundamentalmente) se les declara la guerra y al ser vencidos sus castillos fueron expugnados (se les quitaron las defensas) para que no pudieran servir de refugio a los nobles (como el de Úbeda).
El clero que había conservado una gran independencia, fue sometido por Fernando mediante un acuerdo con el Papa: el patronato. Según esto el rey presentaba a Roma la lista de los cargos eclesiásticos más importantes, y de esta lista – favorable al rey- elegía el Pontífice, de esta manera se garantiza la sumisión de este importante grupo social. Además obtuvo el control de todas las órdenes militares al convertirse en maestre de todas ellas, con lo que su rico patrimonio pasó a disposición del monarca.
El otro grupo social que había gozado de un alto grado de autonomía en la gestión municipal, la burguesía, pasó a ser controlada mediante la figura del corregidor (representante del rey en el gobierno municipal) que tenía como misión que los acuerdos aprobados no atentarán contra los intereses y las leyes de la monarquía. En la misma línea las Cortes perderán su iniciativa legislativa, aunque en Aragón seguirán siendo importantes. [¿Qué eran las Cortes? Eran un órgano de representación de las clases sociales y territorios de todo el reino, que, se reunía a petición de los reyes, y que tenía funciones legislativas (allí se elaboraban las leyes), y se podían votar impuestos (que no pagaban los privilegiados, la nobleza y el clero).]
Para acabar con los desórdenes públicos se creó la Santa Hermandad, una especie de policía contra el bandolerismo.

1.2 La creación de organismos de poder.
Con todos los pasos expuestos, los reyes concentraron en su persona todo el poder y se pudieron dedicar a crear instituciones en las que apoyarse, consiguiendo también hacer llegar su autoridad a todos los lugares de sus reinos.
Consejo Real. Se reorganizó en las Cortes de Toledo de 1480. Este hecho significó en la práctica la inutilización de las Cortes, puesto que fueron suplantadas por el mismo Consejo que ellas habían creado. Sería en adelante el instrumento de gobierno más eficaz de la monarquía tanto de los RRCC como de los reyes de la Casa de Austria.
Asesoraba al monarca sobre los aspectos más importantes de la gobernación del reino e incorporó letrados de prestigio (procedentes principalmente de la burguesía), lo que influyó en la pérdida de influencia política de la nobleza.
Audiencias o chancillerías. Eran instituciones judiciales, su jurisdicción abarca todo el Estado, los reyes eran los jueces supremos, el fortalecimiento de la justicia real supone un duro golpe para la nobleza. En Castilla había dos audiencias: la Chancillería de Valladolid que juzgaba todos los delitos al norte del Sistema Central, y la Chancillería de Granada para el resto. En Aragón había una audiencia para cada uno de los reinos, pero allí los señores conservaban gran parte de sus atribuciones judiciales.
Ejército permanente. Con los bienes procedentes de las órdenes militares los reyes pueden financiar un ejército que estará movilizado siempre, a diferencia de los ejércitos medievales que se formaban sólo en caso de guerra. Se adoptaron nuevas estructuras contratando tropas a sueldo (mercenarios) y se organizó la milicia en torno a las denominadas Compañías y nuevas técnicas de combate, de mayor movilidad con predominio de infantería (y la incorporación de la artillería de manera usual), y una mejor selección de sus mandos. Se crean los famosos tercios que dominarán media Europa en el siglo XVI y que ahora se harían famosos en Italia con el Gran Capitán.
• Para la administración territorial se creó la figura de los Virreyes, representantes de los reyes en cada uno de los reinos en que no estaban presentes los reyes (Aragón, Nápoles…).
• La Hacienda. Para sostener el incremento de los gastos del nuevo estado se crearon nuevos procedimientos para aumentar las recaudaciones.
• Para acabar con los desórdenes públicos se creó la Santa Hermandad, una especie de policía contra el bandolerismo.
• La diplomacia, creación de la Italia renacentista e inspirada en la obra "El Príncipe" de Maquiavelo, fue impulsada por los RRCC con el envío de embajadores permanentes que desarrollaron una labor eficaz, tanto en el ámbito de su política matrimonial como en alianzas políticas con otros estados.
Al aumentar las competencias del Estado y el poder político de la monarquía, la administración central se hizo más compleja, y requería una burocracia numerosa y especializada que se nutría cada vez más de juristas y letrados de muchos años de formación universitaria, que pertenecían en su mayoría a la pequeña nobleza.
Pese a todos estos cambios no llegaron a crear una legislación común para todos sus reinos.

1.3 La unidad religiosa.
En los reinos medievales coexistieron tres religiones: musulmanes, judíos y cristianos. Para potenciar la unidad los RR.CC vieron la conveniencia de que sólo existiera una y así actuaron duramente con las otras dos:
En 1478 se crea la Inquisición, su objetivo no es perseguir a los musulmanes o judíos sino a los falsos conversos al cristianismo, era frecuente una conversión por interés y la práctica de la religión anterior en privado. En 1492 emitieron el decreto de expulsión de los judíos, una medida que tendría graves consecuencias económicas. Los judíos que salieron de España se llamaban sefardíes (de Sefarad, España en hebreo) y se asentaron en el norte de África, Grecia, Turquía... manteniendo todavía hoy el español del siglo XV. Con los mudéjares, a partir del XVI llamados moriscos (musulmanes que vivían en territorio cristiano tras la conquista), se pasó de una política de aceptación -el primer arzobispo de Granada fray Hernando de Talavera hasta aprendió árabe para predicar entre ellos- a una de intolerancia personificada por el cardenal Cisneros que les puso en la tesitura de convertirse al cristianismo o emigrar. Muchos emigraron al norte de África y los que se quedaron se convirtieron (moriscos), pero serían expulsados definitivamente en 1609.

2. La política exterior

• Tras el fortalecimiento de la monarquía, los reyes se sienten capaces de emprender la larga guerra de Granada, que duró 10 años, a pesar de la guerra civil entre Boabdil y su tío. Primero se dirigieron hacia la costa, culminando en el asalto de Málaga, para en los años posteriores penetrar por las depresiones de Baza y Guadix, cercando Granada que se rindió el 2 de enero de 1492. Por las Capitulaciones de Santa Fe, los Reyes garantizaban a los moriscos el mantenimiento de sus costumbres y el respeto a su religión, pero como hemos visto, poco tiempo estuvo vigente esta tolerancia.

• En el norte de África se ocuparon plazas estratégicas (conquista de Melilla -1497-, Orán y Trípoli -1510-) para proteger el comercio de los piratas berberiscos (Berbería era una forma de llamar al norte de África, de donde venían los bereberes). Existía una evidente rivalidad con Portugal que ya poseía Ceuta.
• Se aceleró también la ocupación total de las islas Canarias (1484-1496), por esa rivalidad que hemos dicho también en el Atlántico. Será el primer ensayo de colonización de tierras de ultramar con población muy distinta a los “cristianos” (los nativos canarios eran los guanches).
• Muerta ya Isabel y por iniciativa de Fernando como regente (de Castilla), se incorporó Navarra en 1512, en el contexto de las guerras contra Francia. Se le permitió conservar sus instituciones, para facilitar su anexión.
• Las guerras de Italia tienen lugar en dos escenarios. Primero, Fernando anexiona totalmente Nápoles que había quedado como estado vasallo de Aragón, frente a los derechos del rey de Francia. En esta pugna ya destaca el Gran Capitán, precursor de los tercios, que combinaban artillería, infantería en cuadro (con piqueros o lanceros, hombres de espada y rodela –escudo- y también arcabuceros) y caballería.
A continuación, la rivalidad con Francia continúa por el Milanesado (en torno a Milán, en el norte), tras la extinción de su dinastía. Tras los éxitos iniciales, Fernando sufrirá su única gran derrota en Marignano (1515), perdiendo el control de dicho ducado. Este problema lo heredará Carlos I.

Descubrimiento de América. El proyecto presentado por Colón se basaba en la creencia en la esfericidad de la tierra y pretendía llegar a Catay (China) y Cipango (Japón) en busca de especias como ya hacían los portugueses en la India, pero no yendo por su ruta, circunvalando África, sino hacia el oeste. Tras la conquista de Granada, este proyecto, que había sido dado de lado, cuenta con el apoyo real, concretado en las Capitulaciones de Santa Fe. Pero cuando Colón se encuentra con esas tierras que no tienen especias, el proyecto cambia de cariz y se procede a la explotación y cristianización de dichas tierras. Durante el reinado de los Reyes Católicos, prosigue el descubrimiento y ocupación del Caribe.

3. Diplomacia y política matrimonial

-Relaciones con el Papado: Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos por el papa Alejandro VI, que era de origen valenciano (Borghia), por su celo en la defensa de la Cristiandad. Por eso también actuará favorablemente como árbitro en la rivalidad marítima entre la monarquía hispánica y Portugal, cuando se firme el Tratado de Tordesillas (1494). Este acuerdo establecía una línea de demarcación que repartía las áreas de influencia para ambas naciones en ultramar, quedando Brasil, África y Asia para Portugal y toda América para España. A partir de ahora, la relación con Portugal es más cordial.

-Política matrimonial: el objetivo era aislar a Francia, el principal enemigo.
• Para ello, casaron a su hija Isabel con el rey de Portugal, y muerto éste, con su sucesor. Así se aseguraban su alianza y también las aspiraciones a este trono.
• También buscaron al tradicional enemigo de Francia, Inglaterra, ya aliado de Castilla desde tiempo atrás. El matrimonio que se concertó fue el de Enrique VIII con Catalina de Aragón.
• La primogénita al trono, y por tanto, heredera era Juana, que casaron con Felipe el Hermoso, hijo de Maximiliano I, archiduque de Austria, y candidato a ser elegido emperador de Alemania, y María de Borgoña, que poseía los Países Bajos, Luxemburgo y el Franco Condado (territorio entre Francia y Alemania). Ésta es la forja del Imperio del hijo de ambos, Carlos I de España y V de Alemania, el primer soberano de la casa de Austria o dinastía Habsburgo.

ALGUNOS ASPECTOS DE ECONOMÍA, QUE NOS VALDRÁN LUEGO

Aunque la economía medieval es básicamente agraria, la agricultura no va a cambiar sustancialmente hasta el XVIII y el XIX, así que vamos a tratar dos puntos esenciales: la ganadería y la artesanía.

GANADERÍA:
Lo más importante es la organización en tiempos de Alfonso X del “Honrado Concejo de la Mesta” (1273), una asociación de ganaderos en Castilla, cuya principal fuente de ingresos era la lana de oveja merina, una especie que habían traído los musulmanes y sólo existía en la península, que daba una gran calidad.
Pero no hay que pensar que fuese una institución compuesta por pequeños ganaderos, sino que los grandes rebaños ganaderos de la península pertenecían a la alta nobleza y también a las Órdenes Militares. De hecho, la Mesta presionará grandemente durante su existencia para defender sus privilegios como organización económica. Los reyes defenderán a la Mesta puesto que el comercio nacional e internacional de la lana será una de las más importantes fuentes de ingresos de la monarquía. Normalmente se exportaba a Europa sobre todo desde los puertos cantábricos, en especial hacia Inglaterra y Flandes (Países Bajos), donde existían abundantes talleres pañeros (textiles). Cuando dicho producto se embarcaba, pagaba un impuesto, el almojarifazgo (sobre las importaciones y exportaciones) y sobre las compraventas se aplicaba la alcabala, todos para la Hacienda Real.
Una forma de ver la protección real hacia este negocio floreciente será en los litigios entre agricultores y ganaderos, donde siempre éstos últimos llevan las de ganar (dichos problemas normalmente acontecían cuando los rebaños se introducían en espacios agrícolas).
Se crearon las Cañadas Reales, que eran caminos ya fijados para organizar la trashumancia de los pastos de invierno en la Meseta hacia los pastos siempre verdes del norte en verano. Estaban señalizados, debidamente arreglados, y tenían una anchura establecida. Eran una cadena también para recaudar todos los impuestos que correspondían a la monarquía a lo largo de las mismas.
Hoy día las Cañadas Reales sirven como vía verde, para el senderismo y cicloturismo, y en ocasiones se las sigue manteniendo como un vestigio de nuestra historia. Incluso, de forma simbólica, los rebaños pasan en septiembre, como antiguamente tenían derecho, por el centro de Madrid. Cerca de aquí, de La Roda, podemos encontrar la confluencia de varias rutas, en dirección a la sierra de Cuenca, verde incluso en verano.

ARTESANÍA:

Respecto a la artesanía, citar que en cada feudo o señorío medianamente grande, solían existir talleres de lo más esencial, como herrería, carpintería, alfarería,… Otros productos más especializados sólo se elaboraban en los burgos o ciudades. Así, con el tiempo, en las ciudades aparecerán barrios enteros repletos de artesanos, que vivían agrupados en las mismas calles o zonas, como podemos ver en casi todas las ciudades antiguas de España, que mantienen su nombre de oficios u ocupaciones (en Albacete, por ejemplo, hay calle Zapateros, Herreros, Caldereros, Tinte, Tejares,…).

Dichos oficios estaban organizados en gremios. Los gremios eran Hermandades o Cofradías de artesanos del mismo oficio (estas denominaciones se conservan, por ejemplo, en las cofradías de pescadores; aunque ahora ambas subsistan principalmente asociadas al culto religioso). De hecho, surgen como forma de asociación para no hacerse la competencia y ayudarse mutuamente (en caso de accidente, por ejemplo). Dichos gremios tenían unos estatutos muy estrictos que regulaban su oficio en todos los aspectos (calidad, precio,…). Eran muy cerrados, puesto que la apertura de nuevos talleres era crear nueva competencia y por tanto, se perjudicaba a los socios. Sólo podía crearse un taller si se accedía al grado de maestro.

Las categorías dentro de un taller, sea cual sea su ocupación, eran los siguientes:
APRENDIZ: normalmente niños de corta edad, menores de 10 incluso, eran encomendados por sus padres, para aprender el oficio y si el maestro los aceptaba, empezaban a trabajar en el taller. Se ocupaban de las tareas más físicas y duras, que no requerían grandes conocimientos, como transportar arcilla (alfareros) o roca (canteros). Como eran unos cuantos, sólo los más responsables ascendían a oficiales, pasada la adolescencia.
OFICIAL: su número era más reducido, unos 3 ó 4 por taller. Se ocupaban de tareas que requerían mayores conocimientos y así quitarle trabajo innecesario al maestro. Por ejemplo, un oficial de cantería podría tallar la figura de una escultura, para que el maestro sólo tuviera que hacer los detalles, y luego el oficial pulimentaba su superficie.
MAESTRO: era el escalafón más alto, y para acceder a tal, los oficiales tenían que prepararse años perfeccionándose. Tenían que crear una “obra maestra”, algo sublime, que demostrase que dominaban las técnicas de su oficio, con diferentes materiales, lo cual a veces conllevaba un gran gasto, no asumible por todos. Una vez evaluada la obra, podía concederse este grado de maestro, que otorgaba la posibilidad de abrir un taller por cuenta propia.
Estos grados se han conservado por ejemplo en la profesión de la albañilería.
Hay que tener en cuenta que el mantenimiento de la organización gremial supondrá la inexistencia de competencia en la elaboración de objetos especializados. Así los precios de éstos siempre serán altos y la comercialización de los mismos fuera de la ciudad donde fueron hechos más cara aún. Sólo en el XVIII se extiende el Domestic System, que consiste en que burgueses empresarios contratan a campesinos proporcionándoles materias primas y utillaje, y en su tiempo libre fabrican algunos productos fuera de la reglamentación gremial, que son distribuidos por aquéllos.
Los principales perjudicados por este sistema son los consumidores y los comerciantes.

lunes, 29 de noviembre de 2010

MÉTODOS DE REPOBLACIÓN


Concesión del término a la villa de La Roda, en 1310

En el contexto de la “Reconquista” se entiende por repoblación la ocupación de un territorio por los cristianos, anteriormente en posesión de los musulmanes, y su puesta en explotación. Los métodos o sistemas empleados serían muy distintos y variables a lo largo de un periodo tan extenso en el tiempo.

1. El primero que se empleará será la aprisio o pressura, es decir, la ocupación espontánea de un lugar por parte de colonos, legalizando los monarcas, pasado un tiempo, dichas propiedades. Así el resultado serán campesinos que serán libres y propietarios de pequeñas parcelas. Este sistema será el aplicado en los espacios arrebatados al Islam entre los siglos VIII y X, es decir, al norte de España: al norte del Duero y las tierras cercanas a los Pirineos. La presura puede ser individual, por parte de familias, o a veces era colectiva, es decir, dirigida por los reyes a algún lugar escogido y dirigida por algún miembro del clero o la nobleza.
Este sistema tiene lugar en tierras prácticamente despobladas, abandonadas por los bereberes o arrasadas en las guerras fronterizas en la “Tierra de Nadie”. Los reinos cristianos en esta época son débiles, poco poblados, incluso los reyes en bastantes ocasiones tendrá que traer pobladores francos cuando funden muchas de las ciudades del Camino de Santiago.

2. Repoblación concejil: entre los valles del Duero y del Tajo, y en parte de la Marca Hispánica se van a fundar ciudades o concejos que repartían la tierra entre campesinos libres. A cada una de ellas se les otorga un fuero o documento real que contiene las bases de la organización legislativa de la ciudad y su alfoz (territorio de alrededor o término). Así se disponen privilegios (para favorecer ciertos negocios, por ejemplo), exenciones fiscales (se eliminan ciertos impuestos para siempre o por un tiempo), reducciones o perdones de ciertas penas,… para atraer pobladores. En los fueros también se incluyen las normas para el gobierno de la ciudad. Estos fueros o Cartas-Puebla están firmadas por el rey con su sello de plomo y se guardaban celosamente puesto que cada concejo tenía que hacer valer dichas ventajas con cada monarca, es decir, cada rey tenía que jurar esos privilegios. Es muy importante el fuero de Cuenca, que se implantó en gran número de ciudades.

Fuero de Benavente (1164)

Cada concejo está controlado en mayor o menor medida por los monarcas y no tanto por la nobleza o clero, sin embargo, cada concejo, igual que cada noble, tiene que acudir con tropas cuando el rey lo requiera (ejército de mesnadas). Las tropas formadas por simples ciudadanos con armas se llaman milicias.
Este sistema es el que se usa durante los siglos X al XII, en lugares donde los habitantes musulmanes habían sido expulsados.

3. Repoblación por Órdenes Religiosas:

Tras la descomposición del califato y la conquista de Toledo, los reinos cristianos ampliarán considerablemente sus territorios, aunque como en el caso de Castilla, sea sobre tierras ya de por sí poco pobladas. Como, excepto en Toledo, se expulsa a los musulmanes, grandes espacios quedan sin habitantes ni gentes que labren las tierras. A esto se añade la necesidad de defensa del territorio, ya que no queda nadie para hacer frente a los ataques islámicos.
La solución será la entrega de vastísimas propiedades a las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara en Castilla, a la de Montesa en el reino de Aragón y entre otras, a la de Avis en Portugal.
Las Órdenes Militares surgieron en el contexto de las Cruzadas en Tierra Santa. Los santos lugares de Jerusalén y Palestina necesitaban ser defendidos del Islam por guerreros y también ser atendidos religiosamente por clérigos, así que se fundan estas órdenes de monjes-guerreros. Muy conocidas son las primeras que se fundaron, las órdenes del Temple (los templarios, así llamados por su función, defender el Templo de Jerusalén), del Hospital (los hospitalarios atendían a los peregrinos y enfermos del hospital de Jerusalén), de San Juan. En España, donde también hay una lucha continua entre el Islam y el cristianismo, se fundan órdenes propias, las arriba citadas, que son las más importantes (aunque aquí también hubo templarios, etc.). La máxima autoridad de una orden era el Maestre.
Los espacios que se ocuparán serán las tierras entre el Tajo y Sierra Morena y parte del valle del Ebro, es decir, las conquistadas a finales del XI, el siglo XII y parte del XIII.
El resultado de este sistema será:
- La creación de extensos latifundios en manos del clero, es decir, enormes propiedades o señoríos eclesiásticos.
- Una desigual distribución de la población: por un lado, una gran concentración en los núcleos fortificados y defendidos por las órdenes, frente a vastos espacios deshabitados o poco densamente poblados. Esta situación ha llegado en Extremadura y Castilla-La Mancha hasta hoy. La población será escasa en general, puesto que se expulsó a los musulmanes.
- Como consecuencia de la situación antes descrita, la dedicación económica de dichas regiones a la ganadería extensiva, la actividad más adecuada ya que además de que había pocos pobladores trabajando para las órdenes, había grandes espacios disponibles.

4. Repoblación por repartimiento:

Tras las Navas de Tolosa (1212), el rápido avance cristiano deja en manos de Castilla y Aragón una gran cantidad de tierras, de una gran riqueza agrícola, y por lo general, densamente pobladas. Esto hace que se busquen soluciones que compatibilicen las propiedades de la población musulmana que se queda junto a la entrega de lotes de tierra a los conquistadores y repobladores cristianos.
Un repartimiento, como su nombre indica, será el reparto de las tierras entre los vencedores, teniendo en cuenta su “contribución” a la conquista. Así, los que acuden con sus tropas en ayuda de los reyes recibirán grandes latifundios, es decir, los nobles y la Iglesia (órdenes militares, miembros del alto clero con soldados propios,…). Por otra parte, un caballero (soldado a caballo) recibía, dada su mayor capacidad de combate, más que la infantería, y dentro de ésta, un ballestero obtenía más que un peón (soldado a pie), ya que se le consideraba más decisivo en la lucha.
Estas tierras provenían de dos vías:
- En ciudades que se había expulsado a la población musulmana, al estar muy cerca de la frontera (p.ej. en mi pueblo), o por ejemplo en Sevilla, se reparte todo el alfoz.
- En el resto de lugares, por lo general se queda el pueblo menudo, mientras que la aristocracia islámica se marcha, quedando buena parte de las tierras y casas para el reparto entre los cristianos.
En cada ciudad se realiza un libro de repartimiento, que se guarda celosamente, en el que quedan catastradas cada propiedad, rural o urbana, con todo detalle y el nombre de su propietario. Son de importantísimo valor histórico, por ejemplo los libros de repartimiento del reino de Mallorca o el del reino de Murcia, en el que aparecen las lindes entre cada parcela y sus dueños, cristianos o musulmanes. Son tan importantes, que siglos después, en caso de litigio por una finca, la forma de demostrar su posesión legítima era acudir a dicho libro y demostrar ser el heredero del poseedor de la misma allí registrado.

Las consecuencias de dichos modelos de repoblación son importantísimas para la historia de España. En la mitad norte la propiedad aparece por lo general más repartida, habiendo un predominio del minifundio hasta incluso hoy. Sin embargo, en la mitad sur del país se han formado enormes latifundios en manos de la nobleza y el clero, que son meros rentistas, es decir, no se preocupan por producir más, sólo por cobrar. Como resultado, en una parte de la península hay pequeños propietarios frente a la otra donde los campesinos son en su gran mayoría siervos.
Pero esto es una simplificación de la realidad. En toda España aparecen “feudos” o señoríos (mejor) nobiliarios (en manos de la nobleza), eclesiásticos (bien de parroquias, para el mantenimiento del clero, monasterios, órdenes militares, obispos, etc.) y de realengo (“dentro de lo malo, lo mejor”, puesto que el rey no era tan exigente con sus vasallos. Hay que recordar que en cada señorío aplica la ley su dueño, sea cual fuere. Es el llamado señorío jurisdiccional.

domingo, 28 de noviembre de 2010

La España Medieval Cristiana (II)

4. La expansión de los reinos cristianos peninsulares en el s. XIII:

La amenaza común de los almohades forjará una alianza militar entre los reinos cristianos que se traducirá en la gran victoria en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, junto al paso de Despeñaperros.

CASTILLA:
No será el artífice de dicha alianza, Alfonso VIII, el que explote este gran éxito, sino su sucesor Fernando III El Santo, que volverá a unificar, esta vez, definitivamente, Castilla y León. Tras fallar en la conquista de Jaén, sigue hacia las tierras más llanas y fértiles del valle del Guadalquivir, penetrando hasta llegar a Córdoba, aún la capital moral de Al-Ándalus, que tomará en 1236. Un año le costó el asedio de Sevilla (1247-8), la ciudad andalusí más rica, poblada y poderosa, que se tuvo que defender sola como el resto de ciudades islámicas tras las Navas de Tolosa (de ahí que ordenase convertir en rampa las escaleras de la Giralda, el alminar de la mezquita mayor, para subir a caballo hasta arriba de ella). Jaén había caído en 1246.
Fernando III elude dirigirse hacia el sur, más difícil de conquistar por su orografía, y donde la autoridad que se había forjado, el Reino de Granada, le rinde vasallaje. Mejor recompensa le darían las ricas tierras de la Depresión del Guadalquivir.
Por estas fechas (1243) es cuando emprende la conquista del Reino de Murcia, cuya ocupación había pactado previamente con Aragón.
Más adelante, ya en época de Alfonso X el Sabio, se conquista el sur de Huelva y parte de la provincia de Cádiz (Cádiz cayó en 1264), yendo hacia el punto estratégico del Estrecho de Gibraltar. Ese mismo año tuvo lugar la gran revuelta mudéjar en Murcia y Andalucía, con lo que muchos de los mudéjares o musulmanes en tierras cristianas fueron expulsados de sus ciudades. También citar que fue el creador de las Partidas, el primer gran ordenamiento jurídico medieval, donde por ejemplo, se establecía el orden sucesorio en el trono.
Con Sancho IV, sucesor de Alfonso, ya comienzan las disputas internas en Castilla que imposibilitarán el fin del proceso de reconquista. El triunfo más destacado frente a los musulmanes será la ocupación de la estratégica plaza de Tarifa en el estrecho.

ARAGÓN:

Tras la muerte del rey de Aragón en 1213 en combate en el sur de Francia, Aragón deja de mirar hacia el otro lado de los Pirineos (ya poseía el Rosellón y la Cerdaña) para dirigir su expansión hacia el sur y hacia el Mediterráneo. Así, Jaime I el Conquistador será quien tras las Navas de Tolosa, explote la debilidad andalusí y emprenda la conquista de las Baleares (el reino de Mallorca) en 1229-32 y algo más tarde la del reino de Valencia, que tomará en 1238. Hasta 1245 conquistará parte del reino de Murcia hasta llegar a la línea de demarcación pactada con Castilla. Ya en estas campañas irá forjando una marina de guerra fundamental para su posterior expansión mediterránea.
De hecho, a finales del siglo, los sicilianos se rebelaron contra su rey en las llamadas “Vísperas Sicilianas” (1282) pidiendo ayuda a Aragón, que anexionó así Sicilia a sus dominios.

NAVARRA:
Navarra, basculante entre los poderosos reinos vecinos, tras instalarse allí la dinastía francesa de Champaña, entra en el área de influencia de Francia hasta su conquista por Fernando el Católico.

PORTUGAL:
Portugal llegará hasta el sur, hasta el Algarve, finalizando su proceso de reconquista hacia 1250, por lo que se vuelca a proyectos de repoblación interior y a la exploración de los mares, ocupando Madeira y Azores en el XV.

5. La expansión de los reinos cristianos peninsulares en el s. XIV:

El siglo XIV es de una crisis general en toda Europa occidental, con frecuentes épocas de malas cosechas, descenso demográfico y con epidemias tan devastadoras como la Peste Negra, que acabó con las vidas de un tercio de los habitantes europeos entre 1348 y 1352. Dicha crisis incluso alcanzará a la Iglesia, donde surgirá un grave cisma (Cisma de Aviñón), llegando a coexistir dos y hasta tres Papas. También la crispación llegará a culpar a los judíos de dichas situaciones, y serán atacados en varias ciudades (progroms). Por otro lado, es el siglo de las grandes catedrales góticas.

CASTILLA:
Como hemos dicho, se ve envuelta ahora en luchas internas entre la nobleza y la monarquía, que se vuelve inestable y débil, con frecuentes disputas dinásticas, etc. También hay una creciente conflictividad entre campesinos y señores, ya que la nobleza no se resiste a perder su predominio económico pese al descenso de población y las malas cosechas. La situación de los campesinos se endurecerá con mayores castigos, impuestos y exigencias, y llamados “malos usos”, que unidos al hambre y otras penurias encresparán sus ánimos con inusitada frecuencia en este siglo.
Hay que destacar el reinado de Alfonso XI, que comenzó con una regencia llena de intrigas palaciegas. Derrotó a los últimos invasores norteafricanos, los meriníes o benimerines, que acudieron a ayudar a los nazaríes granadinos, en la batalla del río Salado en 1340, y en la batalla del río Palmones (1343). Conquistó en 1341 la estratégica plaza fronteriza de Alcalá la Real (mi pueblo), llave de paso de Castilla a la vega de Granada. Sitió Algeciras en 1344 tomándola gracias a una acción conjunta por tierra y mar. Murió de peste durante el asedio de Gibraltar en el 1350, que había perdido frente a los musulmanes. Alfonso XI se casó con una hija del infante don Juan Manuel, marqués de Villena (La Roda estaba dentro de su señorío), pero la rechazó y éste en ocasiones, no le prestó su ayuda como vasallo.
En 1350 subió al trono Pedro I El Cruel, llamado así por los cronistas partidarios de la nobleza. Intentó como su padre someter a la nobleza pero ésta consiguió apoyar a otro candidato al trono, Enrique (II) de Trastámara. Éste se hizo finalmente con el poder, teniendo que dar tierras y prebendas por la ayuda prestada por sectores de la nobleza, al rey de Aragón y a Francia; fue la llamada Guerra de los 2 Pedros. Pedro I fue asesinado no lejos de aquí, en Montiel en 1369.
Citar también la derrota de Juan I de Castilla en Aljubarrota (1385) que intenta incorporar Portugal a su reino por la fuerza.

ARAGÓN:

Aragón prosiguió su expansión mediterránea ocupando Cerdeña (1323-6), que pertenecía a Génova, rival en el comercio marítimo de la zona, pero su dominio allí tardó en consolidarse.
También citar la breve ocupación en los Balcanes de los ducados de Atenas y Neopatria por los almogávares catalanes. Éstos eran unos mercenarios que contrató el emperador bizantino contra los turcos, y al no tener con qué pagarles, se quedaron estos señoríos, que sobrevivieron poco tiempo.

6. La expansión de los reinos cristianos peninsulares en el s. XV:

CASTILLA:

Castilla sigue en este siglo envuelta en conflictos internos. Destaquemos en la primera mitad del siglo la expedición de conquista y descubrimiento de las Canarias (al mando de Jean de Bethencourt) para evitar su ocupación por parte de Portugal.
En el largo reinado de Enrique IV el “Impotente” (1454-74) el conflicto entre la nobleza y la monarquía llegará a su clímax. Éste sólo tendrá una hija, apodada Juana “La Beltraneja” por la nobleza (se decía que no era hija del rey sino de Beltrán de la Cueva, amante de la reina), así que Isabel, su hermanastra, será nombrada heredera, tras pactar con él. Sin embargo, su matrimonio con el príncipe heredero aragonés Fernando abrió una brecha en sus aliados: el rey Enrique se echó atrás y nombró heredera a Juana, iniciándose una guerra civil en Castilla. Algunos nobles, temerosos de la influencia aragonesa, apoyaron a Juana, que fue derrotada en la batalla de Toro, donde Fernando acudió en ayuda de Isabel. Así Isabel I consiguió hacerse la reina de Castilla e iniciar la represión contra los nobles que habían luchado contra ella.

ARAGÓN:

A principios de siglo, hubo un interregno (periodo sin reyes) por la muerte del rey sin descendencia hasta que por el compromiso de Caspe (1412) se eligió a Fernando I de Trastámara, de la misma dinastía que los reyes castellanos. Éste era un signo que ya vaticina su posterior unión.
A finales de siglo hay que nombrar los graves conflictos sociales como los levantamientos de los payeses de remensa (campesinos pobres) en Cataluña. Esta conflictividad abarca desde Juan II hasta Fernando II, que firmará en 1486 la Sentencia Arbitral de Guadalupe.
En política exterior Aragón culminará su expansión mediterránea con su conquista de Nápoles en 1443, en el contexto de sus guerras con Francia.

lunes, 22 de noviembre de 2010

La España Medieval Cristiana (I)

El reino visigodo de Toledo se descompuso con la derrota y desaparición del rey Rodrigo en la batalla de Guadalete (711). No se organizó un nuevo ejército contra el invasor musulmán. Cada territorio actuó de forma autónoma. Cada ciudad corrió una suerte dispar. Claramente, el estado había desaparecido. Los nobles sólo lucharán para seguir siendo los dueños de sus tierras bajo el nuevo dominador. Los primeros núcleos que organizarán una resistencia armada precisamente no eran visigodos, incluso lucharon contra ellos.

1. El origen de los primeros núcleos de resistencia:
El primer lugar donde fueron claramente derrotados los musulmanes en el s. VIII es en la controvertida batalla de Covadonga (722). Hasta entonces no tenemos nada más que noticias de los cronistas musulmanes, que no hablan sobre la cornisa cantábrica hasta que citan el incidente de Covadonga como una escaramuza sin importancia, en la que dejan vivir a “30 asnos”, porque “¿qué daño pueden hacernos?”. Por otra parte, las crónicas cristianas, muy posteriores, hablan de una gran batalla con incontables bajas islámicas y ganada con ayuda del cielo. La relevancia de este hecho no es sino la importancia de ser la primera vez que se organiza resistencia frente a los musulmanes.
Otra cuestión candente es ¿eran visigodos? ¿eran tribus astures, poco romanizadas y poco dominadas por los visigodos? No sabemos nada más que el líder de este grupo era un tal Pelayo, considerado por muchos no un rey, sino un caudillo militar. Pocos creen ya que era un miembro de la aristocracia visigoda, puesto que nada avala esta teoría. No están buscando resucitar el reino de Toledo, están luchando por su independencia frente a los dominadores extranjeros.

EL REINO DE ASTURIAS (722-910):Sí conocemos cómo surgió un núcleo en torno a Cangas de Onís y luego en torno a Oviedo, con líderes que llevan el título de reyes. Se van expandiendo a zonas poco controladas por los musulmanes, como la costa norte de Galicia. Los reyes tendrán problemas al contar con dos elementos de población distinta:
- los norteños, de organización tribal, y por tanto, igualitaria sin apenas diferencias de clase y poco romanizados
- los visigodos emigrados de tierras islámicas, que cada vez son más y van a acuñar una idea de “reconquista” que eclosionará más tarde. Además, su organización supone la existencia de diferencias de clase, una aristocracia eclesiástica y laica, y que usan la legislación visigoda.
Ayudan a la consolidación del reino la orografía del terreno, la belicosidad de sus gentes y también acontecimientos como la revuelta beréber en el 740 que supone el abandono de esta zona por los musulmanes. En esta época, destaca la figura de Alfonso I que inicia la expansión por Galicia y será quien descubra el supuesto sepulcro del apóstol Santiago. Con Alfonso II se implanta una organización monárquica y eclesiástica como la del reino visigodo. Decisivo será también en la segunda mitad del s. IX el reinado de Alfonso III que se expandirá más allá de la Cordillera Cantábrica repoblando la ya citada “Tierra de Nadie” y alcanzando la frontera del Duero. El modelo que se sigue será la aprisio o presura, que consiste en la ocupación espontánea de tierras por sus campesinos, legalizando posteriormente el rey esta situación. A veces, esta ocupación era dirigida por algún noble o eclesiástico, por lo que el modelo feudal va tomando forma.
En el año 910, cuando ya está consolidada la frontera del Duero, se lleva la capital a León, un lugar más céntrico donde se podían controlar todos los dominios del reino más fácilmente. A partir de entonces, este núcleo pasa a llamarse Reino de León.
En la época califal, todas las invasiones islámicas penetrarán por las tierras comprendidas entre el nacimiento del Duero y del Ebro, unas llanuras que sólo podían defenderse llenándose de castillos, por lo que empezará a ser conocida con el nombre de Castella. Éste será el germen de un núcleo fuerte, ya que la población del mismo estaba bien acostumbrada a la guerra y también se ha afirmado cómo gran parte de los pobladores eran gentes belicosas del norte (vascos). A partir del 940 el conde de Castilla Fernán González pasará a ser independiente del rey de León, sin que éste pueda impedirlo.

EL NÚCLEO NAVARRO:Algo más tarde que en Asturias, el núcleo de Pamplona, apoyado por los francos (que ya habían derrotado al emir en Poitiers-732) expulsará a los musulmanes. Será un reino de gran importancia puesto que hará de puente entre los reinos cristianos occidentales y orientales en la península. Su organización social también parece ser tribal, son gentes que luchan contra cualquier invasor foráneo, como ocurrirá en la batalla de Roncesvalles (778), en la que derrotan a las fuerzas de Carlomagno que volvía a Francia tras luchar contra los musulmanes. Este hecho consolida este reino y también eliminará la influencia franca de esta zona de los Pirineos, que pasa a ser mayor en la zona oriental.

EL NÚCLEO ARAGONÉS:
Algunos de los valles pirenaicos, debido a su aislamiento de forma natural, nunca caerán en manos islámicas. Varios de ellos, poco a poco, a finales del s. VIII irán entrando en contacto hasta formar pequeñas entidades políticas frente a los musulmanes. Así los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza.

LOS CONDADOS CATALANES:Ya cerca del s. IX, Carlomagno, rey de los francos, querrá eliminar la amenaza de los ataques musulmanes sobre el sur de Francia formando una franja de seguridad o “marca” más allá de los Pirineos, hasta el río Ebro, bajo su control. Se la conoce como “Marca Hispánica”, aunque no aparece en ningún sitio el nombre de ningún “marqués”, pero sí conocemos la formación de diversos “condados” al mando de “condes” impuestos por los francos como los de Besalú, Urgel, Cerdaña, etc. Será Carlomagno quien arrebate a los musulmanes importantes ciudades como Gerona y Barcelona (801). Estos condes, en principio, estaban sujetos a las autoridades francas, pero conforme se descompone el poder carolingio ganan autonomía, hasta que a finales del s. X consiguen su independencia plena en tiempos del conde Vifredo el Velloso (988).

2. La expansión de los reinos cristianos peninsulares en el s. XI:
Hasta la creación del Califato de Córdoba (929), la vida de estos reinos será difícil. El reino de León es extenso pero poco densamente poblado y en ocasiones, inestable y frágil. El reino de Navarra parece el núcleo más consolidado (comprendía Vizcaya, Álava, Guipúzcoa, Navarra y La Rioja), mientras los territorios orientales siguen en manos de los francos. Las campañas de Abderramán III y Almanzor supondrán una dura prueba para dichos territorios, siendo derrotados pese a ayudarse mutuamente y sus principales ciudades serán saqueadas.
Sancho III El Mayor, rey de Navarra, conseguirá ser nombrado conde de Aragón, Sobrarbe, Ribagorza y también de Castilla, poniendo en marcha el primer movimiento de unificación de los reinos cristianos peninsulares, justo cuando el poder cordobés está en descomposición. El fin del califato (1031) y su fragmentación en numerosos reinos de Taifas supondrá un alivio para los cristianos y su oportunidad de expandirse a costa de los musulmanes, sin embargo, el testamento a la muerte de Sancho III (1035) supondrá la división de su herencia entre sus hijos. Uno de ellos, Fernando I, el primer rey de Castilla, derrotó al rey de León (1038) y consiguió hacerse también con este territorio, siendo también el primer rey de Castilla y León. Con su nieto Alfonso VI ocurrirán diversos hechos de gran importancia que hay que recordar:
- la conquista de Toledo (1085), que supondrá: el avance cristiano más allá del Tajo, una gran ampliación los dominios del rey castellano, el fin del reino taifa más importante del centro peninsular, la llegada de los almorávides en 1086, etc. etc.
- las aventuras de Rodrigo Díaz de Vivar, vasallo del rey, que fue expulsado del reino por sus desavenencias con su señor. Estuvo sirviendo como mercenario un tiempo bajo órdenes del rey musulmán de la taifa de Zaragoza hasta que gracias a su fama formó su propio grupo armado con el que emprendió la conquista del reino islámico de Valencia. Será entonces cuando se reconcilie con el rey, que ansía controlar las tierras de su vasallo, pero el reino del Cid Campeador sobrevivirá poco tiempo a su muerte, ya que será conquistado por los almohades.
- el reparto del reino de Navarra tras la muerte de su rey de acuerdo con el rey de Aragón.
- las grandes derrotas frente a los almorávides en Sagrajas (1086) y Uclés (ya en 1108).

3. La expansión de los reinos cristianos peninsulares en el s. XII:
La relación de parentesco entre los hijos de Sancho III culminará con la unificación de Sobrarbe Ribagorza con Aragón primero, y más tarde, de estos territorios con Navarra. Esto permitirá que en el año 1118 Alfonso I el Batallador pueda conquistar Zaragoza, el reino musulmán más rico y densamente poblado, que había frenado continuamente la expansión de los núcleos cristianos orientales, que ahora se engrandecerán económica, demográfica y militarmente. Su hija Petronila será casada con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, que domina el resto de condados catalanes: así nacerá la corona de Aragón (1137).
A la muerte de Alfonso I volverá a renacer el reino de Navarra (1134), pero como ya no tiene frontera frente al Islam su expansión permanecerá frenada y caerá bajo la dependencia de las dinastías reales francesas.
De la independencia del condado de Portugal en 1139 nacerá el reino de Portugal bajo Alfonso Enríquez, que será quien conquiste Lisboa en 1147.
Mientras los almohades se hacían con el poder en Al-Ándalus, Castilla (de nuevo separada de León) aumenta su presencia en la submeseta sur, conquistando, por ejemplo, Cuenca en 1177.

domingo, 21 de noviembre de 2010

AL-ÁNDALUS (III)

- Su origen:
La creación del reino nazarí de Granada viene determinada por la batalla de las Navas de Tolosa en primer lugar, y el inicio de la conquista del valle del Guadalquivir. El iniciador de la dinastía nazarí que da nombre a este reino será el gobernador de Arjona (norte de Jaén) el famoso Alhamar que, aunque fue expulsado de sus tierras, consiguió hacerse reconocer rey de Granada y también de Murcia, que sin embargo pronto perdió. Al aglutinar bajo su poder gran parte de las tierras islámicas de la Andalucía oriental, constituyó un poder unido frente a los cristianos. Asimismo, consiguió consolidarlo declarándose vasallo de los castellanos (1246), jurando fidelidad a Fernando III el Santo, lo cual salvó su reino pero también le obligó a acudir con su señor a la guerra contra sus correligionarios, por ejemplo, en el asedio de Sevilla.
- Factores que ayudaron a su larga pervivencia:
1) Su vasallaje inicial a Castilla, que ya hemos citado, ayuda a su consolidación.
2) El pago de parias a cambio de paz. Sin embargo, como hemos visto, se traducía en agobiantes impuestos sobre la población que hacían inestables los gobiernos de los monarcas granadinos.
3) La orografía del terreno donde se asienta el reino ayudará enormemente a su defensa frente a Castilla en las épocas de guerra. La frontera variará muy poco en dos siglos, exceptuando la zona de Cádiz, porque está muy bien defendida por una red de fortalezas y atalayas de vigía en zonas muy escarpadas que hacían muy costosa su conquista, que normalmente era tenía lugar tras un largo asedio.
4) La debilidad interna de Castilla que se manifiesta tras el reinado de Fernando III (a partir de sus sucesores Alfonso X el Sabio y Sancho IV), debida a las luchas entre la monarquía y la nobleza por cuestiones sucesorias, luchas en el s.XIV entre los campesinos y los señores, la Peste Negra, etc.
5) La importante densidad demográfica del reino granadino, a la cual acudía en masa la población musulmana tras la conquista de sus tierras por los castellanos, sobre todo tras la expulsión de los mudéjares (musulmanes que viven en tierras cristianas, llamados luego en el XVI moriscos) andaluces tras su revuelta del 1264. Esto significaría un mayor número de tierras en explotación, mayores ingresos, más hombres para la guerra, etc.

- Algo de historia del reino de Granada:
La época de mayor apogeo del reino será en el s. XIV, cuando se van a construir las salas más importantes de la Alhambra, la alcazaba de Almería, etc. La economía se basaba en su rica agricultura, el pastoreo en las zonas montañosas y el activo comercio con Génova y el norte de África. De hecho, durante un tiempo, los granadinos se apoyaron en los benimerines, nuevos dominadores del norte de África tras los almohades, logrando avances frente a los cristianos, pero desde mediados del XIV, perderán definitivamente el estrecho y con ello toda ayuda externa. Desde entonces se inicia el declive nazarí.
- La guerra de Granada:
Dos factores inciden en el fin de la última posesión musulmana en la península:
1) La consolidación de la monarquía frente a la nobleza, tras el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, sometiendo los Reyes Católicos a aquellos que no les apoyan.
2) Los problemas internos en Granada: la guerra civil entre Boabdil y su tío Zagal.
A partir del 1483 la primera fase de la guerra consistirá en el sometimiento de la parte occidental del reino, concluida con la costosa toma de Málaga al asalto. A continuación, el siguiente teatro de operaciones será la zona oriental, aislando Granada del puerto vital de Almería. La rendición de Boabdil será el 2 de enero de 1492.

lunes, 15 de noviembre de 2010

AL-ÁNDALUS (II)

Califato de Córdoba (929-1031)

Con la proclamación como califa de Abderramán III comienza el periodo más floreciente en todos los ámbitos de la historia de la España musulmana.
Sobre todo, hay que destacar la labor como mecenas que realizará su hijo Al-Hakam II (961-976), gran protector de las artes y las ciencias. Atrajo a Al-Ándalus a los más importantes intelectuales de todos los ámbitos (matemáticas, astronomía, poesía, medicina, …), creando la biblioteca más importante de su época y convirtiendo a Córdoba en la capital cultural del mundo.
A la península llegaban mercaderes de todo el mundo y la moneda califal (dinar de oro y dirham de plata) se convirtió en la divisa más importante.
A la muerte de Al-Hakam II, subía al trono su hijo Hixem II, menor de edad, asumiendo la regencia el ambicioso hachib (primer ministro o visir) Almanzor (Al-Mansur, el grande). Éste sólo pudo mantener la estabilidad política con una agresiva política exterior consistente en el empleo masivo de bereberes en sucesivas campañas contra los reinos cristianos del norte. Nunca se pretendió su conquista y ocupación, sino su sometimiento al pago de parias (pesados tributos a cambio de la paz) o la obtención de botín. De hecho, saqueó las principales ciudades cristianas, como Barcelona, Oviedo, León o Compostela, donde visitó la tumba del apóstol y capturó las campanas para elaborar lámparas en la mezquita de Córdoba (a donde fueron llevadas a hombros de los muchos prisioneros cristianos que hizo), que él mismo amplió.
Su muerte (1002) en una de sus numerosas campañas conllevó a la desestabilización del régimen. Las tropas bereberes saqueaban aldeas sin control ninguno y los califas se sucedían rápidamente en una serie de conjuras y asesinatos. La anarquía se hizo tan evidente que incluso el palacio real de Medina Azahara fue saqueado y expoliado. Finalmente, un grupo de aristócratas cordobeses decidió en 1031 la disolución del califato como institución, sustituyéndolo por una serie de gobiernos autónomos en cada región, los llamados reinos de Taifas.

La época de los primeros Reinos de Taifas

Nada más disolverse el Califato se constituyeron una serie de reinos por todo el territorio musulmán, cuyo número es muy variable, ya que muchos luchaban entre ellos. Hay de varios tipos, según el origen de sus familias gobernantes: árabes, muladíes, bereberes o eslavos (sí, musulmanes de origen eslavo). Las más importantes por su poder y extensión fueron las de Zaragoza, Toledo, Badajoz y Sevilla, que a menudo anexionaron otras más pequeñas, como las de Granada, Almería, Tortosa, Denia, Córdoba, Valencia, Albarracín, etc.
Al dividirse Al-Ándalus en diversas unidades políticas, eran un enemigo dividido ante los constantes ataques conquistadores cristianos, y por tanto, débil, ya que también luchan entre ellas. Ello se traducirá en un aumento constante de los impuestos para los campesinos (y por tanto, un empobrecimiento de los mismos), bien para las guerras o para el pago de parias a cambio de paz.

Historia de la taifa de Toledo

Ante la crisis y debilidad del Califato cordobés a partir del 1031, el visir toledano de origen bereber Ismail al-Zafir proclamó la independencia del Reino Taifa de Toledo, el más extenso de todos los andalusíes (casi toda la meseta sur, los valles medios del Tajo y el Guadiana), dejando la corona a su hijo Yahya al-Mamún (1043-1075). Éste, ante el ataque de su rival, el rey taifa de Zaragoza, se granjeó el apoyo y la protección de los castellanos (Fernando I), por el pago de parias o tributos, y afianzó su poder haciéndose con el valle del Henares y las tierras alcarreñas hasta Medinaceli y Molina; contuvo a las tropas del reino taifa de Badajoz en Talavera y desde tierras de Cuenca se anexionó el reino taifa de Valencia. La pujanza de Toledo como foco económico, científico y cultural fue entonces extraordinaria, hasta el punto de albergar temporalmente al exiliado Alfonso de León en su conflicto con su hermano Sancho de Castilla, contrayendo con Toledo una deuda de no agresión y ayuda mutua. La fortuna militar de al-Mamún le llevaría incluso a la toma de la misma ciudad de Córdoba en 1075, pero murió asesinado poco después.
Su nieto y sucesor Yahya al-Qádir, con la oposición de la propia población toledana agobiada por los tributos, no consiguió hacerse con el reino y fue depuesto por el rey de Badajoz; aunque el ya rey de Castilla y León Alfonso VI consiguió devolverlo a su trono (1081). Pero incapaz de mantenerse en él, y ante los ataques y razzias de zaragozanos, valencianos, aragoneses y, por supuesto, castellanos, se pactó un intercambio: Castilla ocuparía Toledo mientras que al-Qádir sería entronizado en Valencia. Después de un laborioso asedio, y con ayuda y apoyo interior, el 25 de mayo de 1085 Alfonso VI conseguiría entrar en Toledo, en lo que ya entonces se presintió aún con muchas incidencias posteriores como el principio del fin de la España musulmana, que empezaba a deshilacharse por el centro.
La pérdida de Toledo causó una profunda consternación en los musulmanes hispanos que ante el miedo a los cristianos pidieron ayuda a sus correligionarios del norte de África: los almorávides, que pasaron el estrecho en 1086, derrotando a los cristianos en varias batallas, y controlaron Al-Ándalus de 1095 a 1146.

El dominio almorávide

Los almorávides eran bereberes que forjaron un estado basado en una versión más rigorista y radical del Islam, extendiéndose desde su núcleo originario en el Sahara hasta el estrecho de Gibraltar. Acudieron en ayuda de los andalusíes y derrotaron a Alfonso VI de Castilla y León en Sagrajas (1086), poniendo a continuación asedio a Toledo, pero no la pudieron tomar. Poco a poco, los almorávides consiguieron hacerse con el control de las distintas taifas, unificando de nuevo la España musulmana, aunque fuera anexionándola a su Imperio.
La cadena de éxitos continuó con nuevas victorias en nuestras tierras, en Consuegra (1097) y Uclés (1108), y esto favoreció su dominio sobre Al-Ándalus, hasta que varios factores fueron socavándolo. Su ayuda militar permitió relajar esa enorme presión fiscal que suponía el pago de parias y frenó a los cristianos, pero por un lado, eran vistos como dominadores extranjeros y no hablaban el mismo idioma que los andalusíes, y también acabaron con la tolerancia hacia los mozárabes (cristianos en territorio musulmán) y judíos peninsulares, acabando con la secular (que dura siglos) convivencia entre dichas culturas (de hecho, Alfonso I el Batallador dirigió una expedición por Andalucía para atraer mozárabes descontentos para repoblar tierras del norte).
Así, cuando las victorias militares almorávides dejaron paso a las primeras derrotas, los propios andalusíes se rebelaron contra ellos (1144-5) y los expulsaron, formándose los llamados segundos reinos de Taifas.

El dominio almohade

Las segundas Taifas tuvieron una vida efímera (breve) ya que los nuevos dominadores del norte de África, los almohades, se hicieron con el control de Al-Ándalus de 1145 a 1160. Éstos sí supusieron una amenaza mayor para los cristianos, que sufrieron una durísima derrota en Alarcos (1195), resultando asediado y destruido el castillo de Calatrava la Vieja (C. Real). Reconquistaron tierras a los cristianos en La Mancha y también todo el Reino formado por el Cid en Valencia.
Los reinos cristianos unieron sus fuerzas para atajar este enemigo común, logrando Alfonso VI de Castilla derrotar a las fuerzas combinadas de almohades y andalusíes en la mayor batalla de la Edad Media española, la Batalla de las Navas de Tolosa (1212), en las mismas puertas de Andalucía, junto a Despeñaperros.
Las consecuencias de esta derrota fueron importantísimas: el principio del fin del dominio almohade, la pérdida del valle del Guadalquivir en poco más de 30 años y la formación del reino nazarí de Granada.

domingo, 7 de noviembre de 2010

AL-ÁNDALUS (I)

La conquista musulmana de la península

Cuando los musulmanes se afianzan en el norte de África tras arrebatársela a los bizantinos, el gobernador de dicha provincia, Muza, sondea en busca de nuevas conquistas. Al otro lado del estrecho, existe otro reino, del que desconoce su fuerza, así que envía a un tal Tarif, al mando de un pequeño destacamento de 1000 hombres, en busca de botín, y para conocer el nivel de resistencia de los habitantes del lugar, en el año 710. La gran cantidad de riquezas recaudadas y la facilidad de la empresa animan a Muza a mandar una expedición mucho mayor, se cree que de unos 10.000 hombres, al mando de su liberto Tarik.
Cuando el rey Rodrigo, estando en campaña contra los vascones, que se habían vuelto a rebelar, recibe la noticia de una inquietante invasión en toda regla por el sur, se dirige inmediatamente con sus tropas hacia ese lugar. No solamente su ejército se encontraba extenuado del esfuerzo, sino que también hay que recordar que, aparte de guerreros propios, estaba compuesto de mesnadas, es decir, por los contingentes de soldados que pertenecían a sus vasallos, y por tanto, no necesariamente leales al rey. De hecho, conocemos por las fuentes textuales árabes que los familiares de Witiza se retiran del combate, junto con sus tropas, en la batalla de Guadalete (711), quedando así sellada su traición. Nunca se supo qué ocurrió al rey Rodrigo.
Tarik persigue a los restos del ejército visigodo que se refugian en Écija y pasa a cuchillo a su población. Con esta acción, quiere facilitar la conquista de otros lugares, como ocurrirá con Córdoba, que se rinde.
Mientras tanto, Muza, celoso del gran éxito de Tarik, y ambicionando botín, reúne más efectivos bereberes y se dirige a la península. Serán sus tropas quienes conquisten Sevilla y sellen la capitulación de Mérida. Ambos generales se reúnen en la capital del reino, Toledo, que no lucha, pues les es abierta por el hermano de Witiza, y continúan hacia el norte, hasta el 714 en el que marchan a oriente.
Gran parte de la península se rinde o pacta con los musulmanes, no ofrece resistencia para defender la autoridad visigoda. El mejor ejemplo lo vemos cuando Abd al Aziz, el hijo de Muza, nuevo gobernador de África, sella un pacto con el conde visigodo Teodomiro, el llamado Pacto de Tudmir, en el que los musulmanes obtienen la obediencia de las 7 ciudades donde éste gobierna, a cambio de respetar su vida, propiedades, y religión “ya que se ha sometido sin lucha”.
Otro aspecto que hay que resaltar es la organización del territorio conquistado. Una razón por la que la población hispanogoda no se resiste, es porque los musulmanes son tolerantes con otras religiones monoteístas, la hebrea y la cristiana, mientras paguen un impuesto por ello. Esto provocará que la islamización de la población peninsular comience en las capas sociales más populares, pero asimismo ocurrirá con ciertos mandatarios, que se convierten a la fe de los nuevos gobernantes. Los cristianos convertidos al Islam recibirán el nombre de muladíes.

El Emirato Dependiente de Damasco o waliato (711-756)
El periodo comprendido entre la batalla de Guadalete y la entronización de Abderramán I en Córdoba se conoce en la historia de Al-Ándalus como emirato o waliato, ya que el dirigente de la España musulmana recibirá el título de emir, amir o walí, o sea, gobernador de una provincia del imperio musulmán, que tenía su capital en Damasco durante la época de los califas omeyas.
Esta fase se caracteriza por la conquista musulmana de la península, como hemos explicado. En años posteriores, se asegura la presencia islámica en lugares más remotos, siendo frenados en la cornisa cantábrica en el 722 en la batalla de Covadonga.
Los intentos de los emires cordobeses de proseguir sus conquistas por el sur de Francia tendrán éxito inicialmente, hasta que Carlos Martel (abuelo de Carlomagno) logrará derrotar de forma definitiva a los musulmanes en el corazón de su reino, en Poitiers, en el año 732. A partir de entonces, se replegarán al otro lado de los Pirineos, donde de vez en cuando practicarán expediciones de saqueo o razzias, hasta que Carlomagno decida crear una “Marca Hispánica”.
También hay que destacar la revuelta de los bereberes en el año 740, de tal importancia, que tiene que ser sofocada con un envío desde oriente de un ejército de sirios (que se quedan en Al-Ándalus). Las causas son el desigual reparto de las tierras arrebatadas a los hispanogodos derrotados por las armas, ya que los valles de los ríos, con sus fértiles vegas, son entregadas a gente de origen árabe, incluso a los que no participan en la conquista y llegan después, mientras que a los bereberes, originarios del norte de África se les entregan las tierras más pobres y agrestes, como la meseta y zonas montañosas y la peligrosa zona fronteriza con esos pequeños núcleos de resistencia cristianos que se están formando en el norte de la península. La principal consecuencia de dicha revuelta será el abandono de las tierras más allá del Duero, que denominamos “tierra de nadie”

El Emirato Independiente (756-929)

En el año 750 hay un cambio de dinastía en los califas del imperio musulmán. Los abasidas asesinan a la familia real omeya al completo reunida en un banquete en Damasco, en una conjura urdida por todos los enemigos de dicho régimen, que discriminaba a los nuevos musulmanes a favor de las familias de origen árabe, que ocupaban los altos cargos y recibían las mejores tierras.
El joven príncipe Abd-al-Rahman o Abderramán consigue escapar de la masacre y huye, temiendo su captura, hasta el otro extremo del Mediterráneo, a Al-Ándalus. Allí ha conseguido, a través de un liberto suyo, el apoyo de poderosas familias pro-omeyas, que, esperando ser recompensados, le ayudan a derrotar al emir impuesto por los abasidas.
Tomará el nombre de Abderramán I, y se declara política y militarmente independiente de los califas abasidas, pasando, por tanto, de ser electo el cargo de emir a ser hereditario en la familia omeya. Sin embargo, el liderazgo religioso se sigue manteniendo en los califas que ahora residen en Bagdad. A esta independencia de la península ayuda que haya otros levantamientos en el imperio musulmán que impidan que los abasidas recuperen el control de Al-Ándalus.
La constitución de un estado independiente concede a los emires todos los poderes excepto el religioso, y la transmisión por herencia concede cierta estabilidad en el trono, pero a pesar de ello, el emirato independiente es un periodo con muchos problemas.
Quizá el principal sean las luchas de las diferentes tribus instaladas en Al-Ándalus, que se toman la justicia por su mano y combaten entre ellas, por encima de la autoridad cordobesa. Sobre todo destacan las revueltas de los bereberes, que son el único asunto que genera unión entre las tribus de origen árabe, frente al desigual reparto de las tierras peninsulares.
También hay un creciente descontento por la discriminación que se plantea entre los musulmanes llegados de fuera y los andalusíes, que a pesar de convertirse al Islam, deben seguir pagando el impuesto que sólo tenían que pagar los judíos y cristianos por mantener su religión. Esto sucede porque los emires ven decrecer enormemente sus ingresos por la paulatina conversión de la población conquistada a la religión de los vencedores, sin embargo, estos muladíes (cristianos convertidos al Islam) llegarán a recurrir incluso al alzamiento armado contra las autoridades emirales. El más sonado será el acaudillado por Omar ibn Hafsún, que gobernará sobre amplias zonas de la serranía de Ronda, y continuarán sus hijos.
También son importantes la rebelión de la gente humilde en la llamada jornada del foso de Toledo, que se saldará con miles de víctimas, o el llamado motín del arrabal (o barrio externo donde vive la gente más pobre) en la capital, en Córdoba.
Un fenómeno curioso será en el s. IX la oleada de martirios voluntarios a los que se entregarán los miembros de algunas importantes familias mozárabes (cristianos que viven en territorio musulmán) incitados por los obispos cristianos para denunciar la cada vez menor tolerancia hacia las manifestaciones de su fe.
Desligados de esta iniciativa, hay algunas revueltas contra los impuestos por parte de los mozárabes, que llegan incluso a aliarse con ibn Hafsún.
La falta de una autoridad efectiva de los emires cordobeses será aún mayor en las regiones más alejadas de la capital, las provincias fronterizas o marcas, las de Badajoz, Toledo y Zaragoza, donde las principales familias son las que realmente gobiernan en una práctica independencia.
Por su parte, el reino de Asturias está repoblando tierras al otro lado de la cordillera cantábrica, llegando a consolidar su presencia en el Duero, como se puede deducir de que situaran su nueva capital en León (910).
Los sucesivos emires omeyas no podrán solucionar estos enormes problemas hasta que llegue en el 912 al trono Abderramán III. Consciente de que el mayor problema son las continuas rebeliones de los bereberes, decide emplearlos masivamente en el ejército, ya que todos esta inestabilidad se va a solucionar no con concesiones, sino por la fuerza. Pero para mantener un gran ejército hace falta tener abundantes ingresos, los cuales se podían obtener de devolver bajo control cordobés a todas las regiones rebeldes. Así conseguirá mediante el envío de tropas, la obediencia de las marcas fronterizas, haciendo cumplir su ley. También obtendrá grandes beneficios de lanzar contra los cristianos del norte campañas victoriosas que no buscan la conquista de esos territorios, son razzias en busca de botín, que llenan las arcas cordobesas y mantienen a los bereberes bajo el mando del emir. Asimismo, acaba con las demás rebeliones internas y llega a intervenir en el norte de África tomando Melilla, Tánger y Ceuta para frenar la influencia de los fatimíes en el Magreb.
Tras unificar y potenciar el poder musulmán de la península, Abderramán III decidirá erigirse en el año 929 también él como califa, ostentando así también la autoridad religiosa en Al-Ándalus. Nada podrán hacer los califas de Bagdad ni los del recién creado califato fatimí.