Retrato de Carlos III de caza
Cuando a la muerte de su hermano, recae en él el trono español, se suscita miedo en Europa, pero para no desencadenar una reacción europea, debe renunciar al trono de Nápoles. Allí se dice que dejó tristes a sus súbditos a su marcha, pues tenía fama de buen monarca. Lo fue.
A su llegada a España, trae consejeros y ministros italianos, algo no siempre bien visto. El famoso Motín de Esquilache (1766) es precisamente una revuelta popular contra uno de ellos. Antes se estudiaba que fue provocado porque, para mejorar la seguridad de las calles de Madrid, había ordenado prohibir el capote y sombrero españoles, sustituyéndolos por el sombrero de tres picos y la capa corta italiana. Pero es una visión simplista. Con los años, se ha visto cómo hacia las mismas fechas suben los precios del pan, lo que calienta los ánimos del populacho. También se ha investigado la implicación de la Iglesia, puesto que el clero podía movilizar al pueblo llano a través de sus sermones, y precisamente Esquilache intentó recortar los poderes de la Inquisición. El resultado fue la deposición de dicho ministro extranjero.
Aunque es un hecho a la vista poco importante, supondrá el inicio de una cuestión cada vez más frecuente: populacho enardecido, hambrunas y penuria, protestas y deposición del gobierno. Hasta ahora no era nada común, pero veremos que lo será en el XIX. Es un indicativo de que el mundo está cambiando.
Esta introducción nos permite dar pie a explicar qué es el Despotismo Ilustrado. Déspota es alguien que gobierna si escuchar a nadie. La Ilustración es un movimiento cultural que alcanza todas las esferas del saber, que tiene lugar en Europa y América en el XVIII, y que se basa en el uso de la razón como base de cualquier estudio. Para nuestra materia supondrá que todo sistema administrativo o político, la organización de la marina y el ejército, etc. deberá ser racional, no porque “se venga haciendo así toda la vida”. Esto supondrá algo revolucionario, pero los cambios habidos no serán una revolución, puesto que el Despotismo Ilustrado supone un empleo parcial de los ideales de la Ilustración por parte de los monarcas absolutos europeos, sólo reformarán lo que les convenga. Esto lo refleja el conocido lema “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Así, los gobiernos absolutistas buscarán racionalizar la recaudación de impuestos, y aumentar el poder de los monarcas, pero no emplearán demasiados fondos para crear colegios, por ejemplo. Y es que hay que recordar que, según los ilustrados, el fin último del gobierno era “conseguir la felicidad de sus súbditos”.
Las reformas en América en el XVIII con los Borbones (no sólo con Carlos III) son un ejemplo de racionalización, mejora de la administración y de fortalecimiento del Estado.
Con los tratados de Utrecht, España deja de mirar a Europa y se vuelca al Atlántico, a esa América que era su mejor legado y fuente de riqueza. En el XVII había decrecido el flujo de metales que venían de allí y el comercio había disminuido, con el aumento del contrabando. Los Borbones acabarán con esta situación.
Se busca recuperar el perdido dominio de los mares. Para ello, se busca renovar la armada, creando Astilleros Reales o atarazanas en Cádiz, Ferrol y Cartagena, y también las academias navales. El Santísima Trinidad, buque insignia español en la batalla de Trafalgar, era el más moderno del mundo, el único con tres puentes hasta el momento.
Gracias a estas mejoras, se puede controlar mejor el comercio con las colonias y perseguir el contrabandismo, consiguiendo así impulsar la economía española.
El traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz (1717) también perseguía mejorar el comercio colonial, pero la decisión más audaz fue la publicación del Decreto de libre comercio de 1778, que permitió la libertad de intercambios entre trece puertos españoles y veinticuatro americanos. Esto impulsó el comercio y también regiones y sectores que antes no comerciaban con América, como la industria textil catalana. La total apertura de los puertos americanos se decretó en 1788.
También en América hubo reformas administrativas con los Borbones. Así, el enorme virreinato del Perú fue dividido en otros tres, el de Nueva Granada, Perú y del Río de la Plata. Igualmente, se implantó el sistema de intendencias con resultados positivos, puesto que estos delegados reales redujeron notablemente la corrupción de los gobiernos regionales y locales. El flujo de metales preciosos alcanzó cifras mejores que en el XVI.
A su llegada a España, trae consejeros y ministros italianos, algo no siempre bien visto. El famoso Motín de Esquilache (1766) es precisamente una revuelta popular contra uno de ellos. Antes se estudiaba que fue provocado porque, para mejorar la seguridad de las calles de Madrid, había ordenado prohibir el capote y sombrero españoles, sustituyéndolos por el sombrero de tres picos y la capa corta italiana. Pero es una visión simplista. Con los años, se ha visto cómo hacia las mismas fechas suben los precios del pan, lo que calienta los ánimos del populacho. También se ha investigado la implicación de la Iglesia, puesto que el clero podía movilizar al pueblo llano a través de sus sermones, y precisamente Esquilache intentó recortar los poderes de la Inquisición. El resultado fue la deposición de dicho ministro extranjero.
Aunque es un hecho a la vista poco importante, supondrá el inicio de una cuestión cada vez más frecuente: populacho enardecido, hambrunas y penuria, protestas y deposición del gobierno. Hasta ahora no era nada común, pero veremos que lo será en el XIX. Es un indicativo de que el mundo está cambiando.
Esta introducción nos permite dar pie a explicar qué es el Despotismo Ilustrado. Déspota es alguien que gobierna si escuchar a nadie. La Ilustración es un movimiento cultural que alcanza todas las esferas del saber, que tiene lugar en Europa y América en el XVIII, y que se basa en el uso de la razón como base de cualquier estudio. Para nuestra materia supondrá que todo sistema administrativo o político, la organización de la marina y el ejército, etc. deberá ser racional, no porque “se venga haciendo así toda la vida”. Esto supondrá algo revolucionario, pero los cambios habidos no serán una revolución, puesto que el Despotismo Ilustrado supone un empleo parcial de los ideales de la Ilustración por parte de los monarcas absolutos europeos, sólo reformarán lo que les convenga. Esto lo refleja el conocido lema “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Así, los gobiernos absolutistas buscarán racionalizar la recaudación de impuestos, y aumentar el poder de los monarcas, pero no emplearán demasiados fondos para crear colegios, por ejemplo. Y es que hay que recordar que, según los ilustrados, el fin último del gobierno era “conseguir la felicidad de sus súbditos”.
Las reformas en América en el XVIII con los Borbones (no sólo con Carlos III) son un ejemplo de racionalización, mejora de la administración y de fortalecimiento del Estado.
Con los tratados de Utrecht, España deja de mirar a Europa y se vuelca al Atlántico, a esa América que era su mejor legado y fuente de riqueza. En el XVII había decrecido el flujo de metales que venían de allí y el comercio había disminuido, con el aumento del contrabando. Los Borbones acabarán con esta situación.
Se busca recuperar el perdido dominio de los mares. Para ello, se busca renovar la armada, creando Astilleros Reales o atarazanas en Cádiz, Ferrol y Cartagena, y también las academias navales. El Santísima Trinidad, buque insignia español en la batalla de Trafalgar, era el más moderno del mundo, el único con tres puentes hasta el momento.
Gracias a estas mejoras, se puede controlar mejor el comercio con las colonias y perseguir el contrabandismo, consiguiendo así impulsar la economía española.
El traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz (1717) también perseguía mejorar el comercio colonial, pero la decisión más audaz fue la publicación del Decreto de libre comercio de 1778, que permitió la libertad de intercambios entre trece puertos españoles y veinticuatro americanos. Esto impulsó el comercio y también regiones y sectores que antes no comerciaban con América, como la industria textil catalana. La total apertura de los puertos americanos se decretó en 1788.
También en América hubo reformas administrativas con los Borbones. Así, el enorme virreinato del Perú fue dividido en otros tres, el de Nueva Granada, Perú y del Río de la Plata. Igualmente, se implantó el sistema de intendencias con resultados positivos, puesto que estos delegados reales redujeron notablemente la corrupción de los gobiernos regionales y locales. El flujo de metales preciosos alcanzó cifras mejores que en el XVI.
Creación de nuevos virreinatos en América por los Borbones
Fortaleció el poder real con la expulsión de los jesuitas de España (1767). Como en otros países, que ya lo habían hecho, esta orden había acumulado enorme influencia, política (la instrucción en las altas esferas sociales se hacía en colegios de jesuitas) y económica (enormes propiedades fruto de donaciones y exenciones fiscales concedidas). Por ejemplo, en la zona de Paraguay (reducciones) eran prácticamente un estado autónomo.
La recuperación económica conllevó a una revitalización de la Armada y del ejército, por lo que Carlos III llevó una política exterior más activa que su fallecido hermano.
Revitalizó los Pactos de Familia, firmando el tercero, con ocasión de la Guerra de los 7 Años entre Gran Bretaña y Francia (1756-63), pero resultó un fracaso. Los ingleses ocuparon Manila y La Habana. La paz supuso para España la pérdida de la Florida, aunque los franceses, que también habían perdido el Canadá, nos cedieron en compensación la Luisiana (en torno al Mississippi).
Como consecuencia de esta guerra, las colonias británicas en América no sólo tuvieron que combatir y ver su suelo devastado, sino que la Corona le subió los impuestos. Éstas fueron las causantes de la Guerra de Independencia de EEUU. Era el momento esperado por los Borbones para la revancha. En 1783 España recuperó Menorca y Florida, pero no Gibraltar.
Dentro del ámbito cultural, los Borbones siguieron las ideas de la Ilustración. Crearon diversas academias, como la de Bellas Artes de San Fernando, la Real Academia de la Lengua y la de Historia, o fundaron el Museo del Prado.
En época de Carlos III aparecieron los primeros periódicos.
También surgen las Sociedades Económicas de Amigos del País, que intentan plantear mejoras económicas. Se creó una cerca, en San Clemente.
La política urbanística de Carlos III en Madrid le hizo merecedor del apodo del “rey alcalde”. Aún su escultura en bronce preside la Puerta del Sol, y la Puerta de Alcalá es uno de los monumentos más visitados. También los Borbones crearon palacios, como el Palacio Real de Madrid (Felipe V), a imitación de Versalles, el de la Granja, el del Buen Retiro, la residencia veraniega de Aranjuez,…
Como casi anécdota, citar que crearon la bandera, cuya función era distinguir nuestros navíos de los extranjeros y enemigos; asimismo, Carlos III convirtió en marcha real (nuestro himno) la marcha militar (por eso no tiene letra) que le regaló Federico II de Prusia, el gran déspota ilustrado de la época. Los símbolos de la “nación” serán más importantes en el XIX.
Para finalizar, volvemos a hablar de reformas económicas, muy del talante Ilustrado: la creación de Reales Fábricas, la colonización de Sierra Morena y la reforma tributaria.
1) El pensamiento económico de la época, el Mercantilismo, buscaba proteger el mercado interior poniendo elevados aranceles o impuestos a los productos extranjeros. Sin embargo, España seguía importando objetos de lujo, o ciertas manufacturas complejas a otros países. De ahí la iniciativa de los Borbones de crear las manufacturas reales como las de La Granja (vidrio), Sevilla (tabaco), Santa Bárbara (tapices), y en Castilla-La Mancha la Real Fábrica de Paños de Guadalajara o la de pólvora en Riópar.
2) Dentro del pensamiento económico ilustrado destacan los fisiócratas. La fisiocracia defiende la agricultura, ese sector fundamental, del que depende todo, y al que los gobiernos no le prestan atención. El pensamiento fisiocrático está detrás de la creación de canalizaciones para el riego como el Canal de Castilla o el Canal Imperial de Aragón.
Sin embargo, su obra más importante fueron las nuevas poblaciones de Sierra Morena o la colonización de Olavide. Este ministro emprende una iniciativa reformista sin tocar el régimen señorial, pero el miedo que sembró en la nobleza lo acabó por expulsar del poder.
Pretendía poner en explotación las tierras de uso ganadero de Sierra Morena, que estaba prácticamente despoblada, y así, creando nuevas poblaciones, también ayudaría a erradicar el bandolerismo que existía en la zona.
El proyecto suponía la roturación de enormes terrenos, que se entregaban a los colonos, en su mayoría alemanes de zonas católicas (Baviera). Las parcelas eran de igual tamaño, como las casas que se entregaban. Esto era revolucionario, puesto que creaba una sociedad sin diferencias de clase. Las aldeas que se crean tienen una planta cuadriculada, racional, en consonancia con los vientos de la Ilustración. Allí no hay nobles, pero sí se afianza la autoridad real y de la Iglesia.
Estas nuevas poblaciones más importantes fueron La Carolina, La Luisiana, Guarromán (Jaén) y La Carlota (Sevilla).
3) El fin último del Catastro de Ensenada, iniciado en el reinado de su hermano, era hacer un inventario de propiedades y propietarios del reino, para establecer un impuesto proporcional, algo que no se llegó a realizar (porque también hubo oposición a las reformas, como vimos en el caso de Esquilache). Sí es de un gran valor histórico. Los registros de personas físicas son los Censos, que también se empiezan a realizar ahora, para contabilizar los habitantes del país.
Los principales ministros ilustrados fueron Campomanes, Jovellanos, el conde de Floridablanca, el marqués de la Ensenada,…


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