sábado, 11 de diciembre de 2010

EL REINADO DE FERNANDO VII (1ª PARTE)

Bloque 2: CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN Y CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO LIBERAL (1808-1868)

Tema 3.- CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN: Crisis de 1808 y Guerra de la Independencia. La Revolución Liberal, las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. El reinado de Fernando VII.

3.2. El reinado de Fernando VII.
Retrato de Fernando VII, por Goya

Su reinado técnicamente comienza con el Motín de Aranjuez (19-III-1808), y se interrumpe con las Abdicaciones de Bayona, pero las Cortes y la Junta Suprema declaran que el monarca legítimo es Fernando VII. Es una aclaración formal, pero no está de más. Sin embargo, cuando nos pidan que hablemos del reinado de Fernando VII, claramente harán referencia al turbulento periodo de 1814 a 1833, que se estructura en tres periodos muy diferenciados:
  • El sexenio absolutista (1814-20)
  • El Trienio Liberal (1820-3)
  • La “Década Ominosa” (1823-33)

3.2.1 El sexenio absolutista (1814-20)

El Tratado de Valençay en 1813 preveía la liberación y vuelta de Fernando VII a España con la familia real, sin embargo, no se produjo hasta 1814, debido a la continuación de la guerra al norte del Ebro hasta 1814.
Se le llamaba con un epíteto muy curioso, Fernando “El Deseado”, ya que la llegada del Rey se entendía como una vuelta a la normalidad, el fin de los disturbios y la guerra.
Sin embargo, no todos los sectores políticos esperaban lo mismo de él.
Por un lado, los doceañistas esperaban que jurase la Constitución, puesto que había sido aprobada por las Cortes, la teórica representación nacional. Muchos de ellos eran burgueses.
Y por otro, los absolutistas esperaban la vuelta al régimen anterior, desmontado por la situación coyuntural de la guerra. Eran la mayor parte de los antiguos privilegiados, el clero y la nobleza, y un buen sector popular.
69 diputados de Cádiz firmaron un texto dándole su apoyo, el Manifiesto de los Persas, en el que solicitaban la vuelta del Antiguo Régimen, y se lo entregaron a Fernando VII a su llegada (1814). Pero el rey también contaba con el apoyo de parte del ejército.
“La monarquía absoluta (…) es una obra de la razón y de la inteligencia: está subordinada a la ley divina, a la justicia y a las reglas fundamentales del estado: fue establecida por derecho de conquista, o por la sumisión voluntaria de los primeros hombres que eligieron sus Reyes. Así que el Soberano absoluto no tiene facultad de usar sin razón de su autoridad (derecho que no quiso tener el mismo Dios): por esto ha sido necesario que el poder soberano fuese absoluto, para prescribir a los súbditos todo lo que mira al interés común, y obliga a la obediencia a los que se niegan a ella. (…)
El (remedio) que debemos pedir, trasladando al papel nuestros votos, y el de nuestras provincias, es con arreglo a las leyes, fueros, usos y costumbres de España. Ojalá no hubiera materia harto cumplida para que V.M. repita al reino el decreto que dictó en Bayona, y manifieste (…) la necesidad de remediar lo actuado en Cádiz, que a este fin se proceda a celebrar Cortes con la solemnidad, y en la forma en que se celebraron las antiguas: que entre tanto se mantenga ilesa la Constitución española observada por tantos siglos, y las leyes y fueros que a su virtud se acordaron: que se suspendan los efectos de la Constitución, y decretos dictados en Cádiz, y que las nuevas Cortes tomen en consideración su nulidad, su injusticia y sus inconvenientes (…)”
Fragmento del Manifiesto de los Persas, Madrid, 12 de abril de 1814
Así, mediante su Decreto del 4 de Mayo, un auténtico golpe de Estado, restableció el Antiguo Régimen:
  • Anuló la Constitución.
  • Disolvió las Cortes.
  • Inició la persecución de los “afrancesados” (colaboradores de los franceses, pero también liberales en general, incluso se detuvo a los diputados doceñistas). La huida de éstos será el primer gran exilio de españoles por razones políticas en nuestra historia contemporánea.
  • Se restablecieron los privilegios, la Inquisición,…
Sin embargo, esta época de gobierno de Fernando VII está lejos de ser estable.
En las colonias, el envío de tropas al mando del general Morillo en 1815 acaba por restablecer la obediencia a la Corona en todos los territorios, excepto al Río de la Plata (Argentina, Uruguay, Paraguay). Bolívar tendrá que huir.
Pero los problemas económicos siguen siendo muy graves, y los ministros absolutistas son incapaces de solucionarlos. Aparte del enorme coste del envío de dichas tropas, como consecuencia de la guerra, el país está arruinado: ha perdido su fuerza comercial, y se han destruido campos, talleres e industrias,…

Entre tanto, los liberales organizan su oposición.
Como no habían previsto este desarrollo de los acontecimientos, buscan tomar el poder por la fuerza. Son los llamados pronunciamientos, golpes militares asestados contra el poder para implantar reformas políticas. Serán muy típicos en el XIX, y consisten en la lectura de una proclama ante el ejército y un alzamiento en espera de apoyos en otros lugares. Durante el sexenio absolutista, protagonizarán pronunciamientos Porlier, Lacy, o Espoz y Mina, pero todos fracasaron. Muchos militares estaban descontentos porque antiguos héroes y líderes de la guerra habían sido desplazados en el ejército por personas de origen noble.


Otra forma de oposición será la política. Pero la censura y la proscripción de los liberales harán que sea protagonizada por sociedades y clubes secretos y por la masonería. Estas asociaciones irán conectando entre sí, colaborando hasta conseguir el éxito.

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