Aunque la economía medieval es básicamente agraria, la agricultura no va a cambiar sustancialmente hasta el XVIII y el XIX, así que vamos a tratar dos puntos esenciales: la ganadería y la artesanía.
GANADERÍA:
Lo más importante es la organización en tiempos de Alfonso X del “Honrado Concejo de la Mesta” (1273), una asociación de ganaderos en Castilla, cuya principal fuente de ingresos era la lana de oveja merina, una especie que habían traído los musulmanes y sólo existía en la península, que daba una gran calidad.
Pero no hay que pensar que fuese una institución compuesta por pequeños ganaderos, sino que los grandes rebaños ganaderos de la península pertenecían a la alta nobleza y también a las Órdenes Militares. De hecho, la Mesta presionará grandemente durante su existencia para defender sus privilegios como organización económica. Los reyes defenderán a la Mesta puesto que el comercio nacional e internacional de la lana será una de las más importantes fuentes de ingresos de la monarquía. Normalmente se exportaba a Europa sobre todo desde los puertos cantábricos, en especial hacia Inglaterra y Flandes (Países Bajos), donde existían abundantes talleres pañeros (textiles). Cuando dicho producto se embarcaba, pagaba un impuesto, el almojarifazgo (sobre las importaciones y exportaciones) y sobre las compraventas se aplicaba la alcabala, todos para la Hacienda Real.
Una forma de ver la protección real hacia este negocio floreciente será en los litigios entre agricultores y ganaderos, donde siempre éstos últimos llevan las de ganar (dichos problemas normalmente acontecían cuando los rebaños se introducían en espacios agrícolas).
Se crearon las Cañadas Reales, que eran caminos ya fijados para organizar la trashumancia de los pastos de invierno en la Meseta hacia los pastos siempre verdes del norte en verano. Estaban señalizados, debidamente arreglados, y tenían una anchura establecida. Eran una cadena también para recaudar todos los impuestos que correspondían a la monarquía a lo largo de las mismas.
Hoy día las Cañadas Reales sirven como vía verde, para el senderismo y cicloturismo, y en ocasiones se las sigue manteniendo como un vestigio de nuestra historia. Incluso, de forma simbólica, los rebaños pasan en septiembre, como antiguamente tenían derecho, por el centro de Madrid. Cerca de aquí, de La Roda, podemos encontrar la confluencia de varias rutas, en dirección a la sierra de Cuenca, verde incluso en verano.
GANADERÍA:
Lo más importante es la organización en tiempos de Alfonso X del “Honrado Concejo de la Mesta” (1273), una asociación de ganaderos en Castilla, cuya principal fuente de ingresos era la lana de oveja merina, una especie que habían traído los musulmanes y sólo existía en la península, que daba una gran calidad.
Pero no hay que pensar que fuese una institución compuesta por pequeños ganaderos, sino que los grandes rebaños ganaderos de la península pertenecían a la alta nobleza y también a las Órdenes Militares. De hecho, la Mesta presionará grandemente durante su existencia para defender sus privilegios como organización económica. Los reyes defenderán a la Mesta puesto que el comercio nacional e internacional de la lana será una de las más importantes fuentes de ingresos de la monarquía. Normalmente se exportaba a Europa sobre todo desde los puertos cantábricos, en especial hacia Inglaterra y Flandes (Países Bajos), donde existían abundantes talleres pañeros (textiles). Cuando dicho producto se embarcaba, pagaba un impuesto, el almojarifazgo (sobre las importaciones y exportaciones) y sobre las compraventas se aplicaba la alcabala, todos para la Hacienda Real.
Una forma de ver la protección real hacia este negocio floreciente será en los litigios entre agricultores y ganaderos, donde siempre éstos últimos llevan las de ganar (dichos problemas normalmente acontecían cuando los rebaños se introducían en espacios agrícolas).
Se crearon las Cañadas Reales, que eran caminos ya fijados para organizar la trashumancia de los pastos de invierno en la Meseta hacia los pastos siempre verdes del norte en verano. Estaban señalizados, debidamente arreglados, y tenían una anchura establecida. Eran una cadena también para recaudar todos los impuestos que correspondían a la monarquía a lo largo de las mismas.
Hoy día las Cañadas Reales sirven como vía verde, para el senderismo y cicloturismo, y en ocasiones se las sigue manteniendo como un vestigio de nuestra historia. Incluso, de forma simbólica, los rebaños pasan en septiembre, como antiguamente tenían derecho, por el centro de Madrid. Cerca de aquí, de La Roda, podemos encontrar la confluencia de varias rutas, en dirección a la sierra de Cuenca, verde incluso en verano.
ARTESANÍA:
Respecto a la artesanía, citar que en cada feudo o señorío medianamente grande, solían existir talleres de lo más esencial, como herrería, carpintería, alfarería,… Otros productos más especializados sólo se elaboraban en los burgos o ciudades. Así, con el tiempo, en las ciudades aparecerán barrios enteros repletos de artesanos, que vivían agrupados en las mismas calles o zonas, como podemos ver en casi todas las ciudades antiguas de España, que mantienen su nombre de oficios u ocupaciones (en Albacete, por ejemplo, hay calle Zapateros, Herreros, Caldereros, Tinte, Tejares,…).
Dichos oficios estaban organizados en gremios. Los gremios eran Hermandades o Cofradías de artesanos del mismo oficio (estas denominaciones se conservan, por ejemplo, en las cofradías de pescadores; aunque ahora ambas subsistan principalmente asociadas al culto religioso). De hecho, surgen como forma de asociación para no hacerse la competencia y ayudarse mutuamente (en caso de accidente, por ejemplo). Dichos gremios tenían unos estatutos muy estrictos que regulaban su oficio en todos los aspectos (calidad, precio,…). Eran muy cerrados, puesto que la apertura de nuevos talleres era crear nueva competencia y por tanto, se perjudicaba a los socios. Sólo podía crearse un taller si se accedía al grado de maestro.
Las categorías dentro de un taller, sea cual sea su ocupación, eran los siguientes:
• APRENDIZ: normalmente niños de corta edad, menores de 10 incluso, eran encomendados por sus padres, para aprender el oficio y si el maestro los aceptaba, empezaban a trabajar en el taller. Se ocupaban de las tareas más físicas y duras, que no requerían grandes conocimientos, como transportar arcilla (alfareros) o roca (canteros). Como eran unos cuantos, sólo los más responsables ascendían a oficiales, pasada la adolescencia.
• OFICIAL: su número era más reducido, unos 3 ó 4 por taller. Se ocupaban de tareas que requerían mayores conocimientos y así quitarle trabajo innecesario al maestro. Por ejemplo, un oficial de cantería podría tallar la figura de una escultura, para que el maestro sólo tuviera que hacer los detalles, y luego el oficial pulimentaba su superficie.
• MAESTRO: era el escalafón más alto, y para acceder a tal, los oficiales tenían que prepararse años perfeccionándose. Tenían que crear una “obra maestra”, algo sublime, que demostrase que dominaban las técnicas de su oficio, con diferentes materiales, lo cual a veces conllevaba un gran gasto, no asumible por todos. Una vez evaluada la obra, podía concederse este grado de maestro, que otorgaba la posibilidad de abrir un taller por cuenta propia.
Estos grados se han conservado por ejemplo en la profesión de la albañilería.
Hay que tener en cuenta que el mantenimiento de la organización gremial supondrá la inexistencia de competencia en la elaboración de objetos especializados. Así los precios de éstos siempre serán altos y la comercialización de los mismos fuera de la ciudad donde fueron hechos más cara aún. Sólo en el XVIII se extiende el Domestic System, que consiste en que burgueses empresarios contratan a campesinos proporcionándoles materias primas y utillaje, y en su tiempo libre fabrican algunos productos fuera de la reglamentación gremial, que son distribuidos por aquéllos.
Respecto a la artesanía, citar que en cada feudo o señorío medianamente grande, solían existir talleres de lo más esencial, como herrería, carpintería, alfarería,… Otros productos más especializados sólo se elaboraban en los burgos o ciudades. Así, con el tiempo, en las ciudades aparecerán barrios enteros repletos de artesanos, que vivían agrupados en las mismas calles o zonas, como podemos ver en casi todas las ciudades antiguas de España, que mantienen su nombre de oficios u ocupaciones (en Albacete, por ejemplo, hay calle Zapateros, Herreros, Caldereros, Tinte, Tejares,…).
Dichos oficios estaban organizados en gremios. Los gremios eran Hermandades o Cofradías de artesanos del mismo oficio (estas denominaciones se conservan, por ejemplo, en las cofradías de pescadores; aunque ahora ambas subsistan principalmente asociadas al culto religioso). De hecho, surgen como forma de asociación para no hacerse la competencia y ayudarse mutuamente (en caso de accidente, por ejemplo). Dichos gremios tenían unos estatutos muy estrictos que regulaban su oficio en todos los aspectos (calidad, precio,…). Eran muy cerrados, puesto que la apertura de nuevos talleres era crear nueva competencia y por tanto, se perjudicaba a los socios. Sólo podía crearse un taller si se accedía al grado de maestro.
Las categorías dentro de un taller, sea cual sea su ocupación, eran los siguientes:
• APRENDIZ: normalmente niños de corta edad, menores de 10 incluso, eran encomendados por sus padres, para aprender el oficio y si el maestro los aceptaba, empezaban a trabajar en el taller. Se ocupaban de las tareas más físicas y duras, que no requerían grandes conocimientos, como transportar arcilla (alfareros) o roca (canteros). Como eran unos cuantos, sólo los más responsables ascendían a oficiales, pasada la adolescencia.
• OFICIAL: su número era más reducido, unos 3 ó 4 por taller. Se ocupaban de tareas que requerían mayores conocimientos y así quitarle trabajo innecesario al maestro. Por ejemplo, un oficial de cantería podría tallar la figura de una escultura, para que el maestro sólo tuviera que hacer los detalles, y luego el oficial pulimentaba su superficie.
• MAESTRO: era el escalafón más alto, y para acceder a tal, los oficiales tenían que prepararse años perfeccionándose. Tenían que crear una “obra maestra”, algo sublime, que demostrase que dominaban las técnicas de su oficio, con diferentes materiales, lo cual a veces conllevaba un gran gasto, no asumible por todos. Una vez evaluada la obra, podía concederse este grado de maestro, que otorgaba la posibilidad de abrir un taller por cuenta propia.
Estos grados se han conservado por ejemplo en la profesión de la albañilería.
Hay que tener en cuenta que el mantenimiento de la organización gremial supondrá la inexistencia de competencia en la elaboración de objetos especializados. Así los precios de éstos siempre serán altos y la comercialización de los mismos fuera de la ciudad donde fueron hechos más cara aún. Sólo en el XVIII se extiende el Domestic System, que consiste en que burgueses empresarios contratan a campesinos proporcionándoles materias primas y utillaje, y en su tiempo libre fabrican algunos productos fuera de la reglamentación gremial, que son distribuidos por aquéllos.
Los principales perjudicados por este sistema son los consumidores y los comerciantes.

